24 junio 2010

Dios ya no es de Italia. Es de Eslovaquia

Si al Juicio Final que promete la Santa Biblia se le tuviera que valorar por la justicia que Dios imparte en el fútbol y en concreto con la selección italiana, apañados vamos. Sin embargo, de vez en cuando, tambien las deidades tienen sus debilidades. Hoy ha ocurrido una de ellas.

El fútbol tiene algo de levítico, algo celestial que hace que la razón no llegue siempre a todos los escondrijos del balón. Por esa razón Italia tiene cuatro campeonatos del mundo. Algo inexplicable cuando uno ve su fútbol. Algo normal cuando siempre han tenido a Dios al lado. No se sabe cuál de ellos, pero alguno hay.

sin embargo, hasta Dios se cansa de los tedios. Al menos este año, la santa divinidad no ha querido hacer milagros con la ¿bella? Italia. Tuvo una pequeña tentación, pero se arrepintió e hizo que el asistente arbitral levantara su brazo al aire y con él el banderín que manadaba a casa a la selección azzurra.

Esta tarde Italia ha perdido por tres goles a dos con Eslovaquia, una república sin Dios a la que el Altísimo le ha venido a ver. Era el típico partido que siempre ha ganado Italia. Hoy ha vencido una joven Eslovaquia, sin mucho que ofrecer y sí mucho que pedir. Pero cuando Dios cambia de color, da igual la escasez que uno tenga: comida para el pobre, hambre para el rico. Hoy Dios (como quiera que se llame) tiene más devotos.

06 mayo 2010

Pellegrini, Mourinho, Ancelotti y el banquillo del Madrid

Decía Míchel en una entrevista concedida a mediapunta que la tradición del Real Madrid nunca se vanaglorió de fichar entrenadores de primer nivel. Venía a decir que los técnico alcanzaban su grandeza cuando se sentaban en el sillón del Bernabéu. Entonces, citaba los ejemplos de Miguel Muñoz o el seleccionador Del Bosque.

Hoy el Real Madrid se debate entre la continuidad de Pellegrini o el fichaje de una estrella banquillera. La reciente historia de esa poltrona aconseja apostar por el cambalache. En los últimos quince años han rotado catorce entrenadores. A casi uno por año transcurrido. Sólo Del Bosque pudo contar más de dos años en ese butacón. Arsenio Iglesias, Capello –en dos ocasiones–, Heynckes, Hiddink, Toschack, Queiroz, Camacho, García Remón, Luxemburgo, López Caro, Schuster y Juande Ramos nunca pudieron pasar del año y medio. Algunos, ni siquiera de unos vagos meses.

El ingeniero Pellegrini se encuentra en esa disyuntiva habitual en Chamartín. Palmeros, guitarristas y farándula varia aplauden ese cambio ante la posible perspectiva, pero aún no cierta, de un año más blanco que el de su propia camiseta. Valdano parece abogar por romper esa voluble espiral. Florentino escucha. Su mente viaja entre la promesa de escuchar a los técnicos y sus propios sentimientos. Al presidente nunca le gustó el ingeniero. Él quería a Arsene Wenger. Su inexistente relación con Pellegrini –se han hablado tantas veces como dedos tienen un par de manos– ha ahondado en su aversión por el chileno.

Varios medios de comunicación han dado varios nombres como posibles sustitutos. Éstos van variando en función de la época del año. Ahora toca Mourinho, al que le gusta ese flirteo y deja puertas semiabiertas. Sin embargo, otros nombres han sonado en la órbita presidencial. En la Cadena SER, afirmaban hace una semana que Rafa Benítez siempre ha encandilado a Florentino. Y Ancelotti es otro lingote que va a aparecer en poco tiempo. Al italiano ya le han hecho llegar la música florentiniana. Todos tienen un halo en común: los tres han ganado la Champions League, el objeto de deseo que más aprecia Florentino.

04 mayo 2010

Barcelona-Tenerife: Bojan o Ibrahimovic

La zona de la antigua Yugoslavia se ha debatido en su historia entre luchas intestinas y guerras egocéntricas. El deporte no ha escapado a esa dicotomía espartana del pueblo balcánico. Fútbol y baloncesto lo han demostrado: jugadores de calidad extraordinaria que no cejan en el empeño victorioso en la batalla.

El FC Barcelona hoy tiene en la plantilla a dos futbolistas que, sin ser balcánicos, proceden de aquellos lares. Los dos juegan de delanteros centro: Ibrahimovic y Bojan. El primero llegó como gran fichaje tras el empeño de Guardiola. El segundo sigue siendo la promesa que emergió hace dos años y que nunca ha terminado de explotar. En parte, por el empeño de Guardiola, que prefiere los gigantones a los pequeñitos ratonzuelos. El mismo entrenador ha reconocido en más de una ocasión que no ha sido justo con el niño de Linyola.

Hoy ambos originarios yugoslavos centran el debate azulgrana. Sobre Ibrahimovic se cierne la sombra de la decepción. Guardiola se aferra en defenderle. Y los números no terminan de desdeceir. Ha jugado 43 partidos en los que ha marcado 21 goles y ha dado nueve asistencias. Pero la sensación que mastica el Camp Nou no va en la misma dirección que la del entrenador. Sus lesiones y los pocos goles que ha marcado desde enero le han puesto en la boca de los silbidos del coliseo barcelonista.

Bojan es distinto. El canterano no costó dinero ni tiene los centímetros que a Guardiola le gustaría. Apenas ha jugado 1.216 minutos (29 partidos) entre Liga, Champions y Copa y ha marcado nueve goles y asistido tres veces. “bojan no se ha estancado. Si hay algún culpable, soy”, repite Guardiola cuando se le pregunta por Krkic, que en la última temporada de Rijkaard se había destapado como un goleador esplendoroso. Cuando Guardiola arribó en el banquillo, se especuló que el chico no le gustaba porque se había negado a jugar con el filial el año anterior. Pep desmintió esa afirmación. La única razón es el estilo de fútbol que él prefiere en un delantero centro. Siempre profesó admiración por los delanteros con centímetros y calidad en sus botas, tipo Kluivert, Crouch (sobre el que llegó a escribir un artículo elogioso en El País) o Ibrahimovic.

Hoy Guardiola se debate entre los dos. Bojan demostró el pasado sábado que tiene el gol en la punta de sus botas. Mientras, Ibrahimovic continúa dándole vueltas a la eliminación del Barça en la Champions, como según reconocen algunos de sus compañeros. El sueco llegó al Barcelona con esa competición entre las cejas. Es la única que resta para completar su palmarés a nivel de club. Y la derrota ante el Inter, justo su ex equipo, del que salió para ganar la Orejona, le ha dejado tocado.

La situación ha variado desde agosto. Los planes de Guardiola han cambiado. Ahora Messi ya no juega en la banda y sí por el centro del ataque, el único lugar donde se puede desenvolver Ibrahimovic. Ahí los dos se entorpecen. Y el sueco no es amigo de las bandas. Ni tiene la velocidad ni la desenvoltura de los extremos. Bojan, sin ser tampoco un lince, luce mejor en esa posición. Y así Messi vuela en libertad.

28 abril 2010

Barcelona-Inter: Alves vs Maicon

Barcelona vive esta noche un encuentro con todos los ingredientes inimaginables para el morbo. Mourinho, Figo, Eto´o, Ibrahimovic y la parafernalia montada para la remontada han convertido esta semifinal en algo más que un partido. Sin embargo, más allá de esas excentricidades, dos futbolistas se juegan más que una “simple” final de Champions League. Maicon y Alves se disputan el trono de los laterales derechos. ¿Quién es el mejor?

Los dos son brasileños e internacionales. Uno es grandote y colosal (1.84 m.) y el otro pequeñín y correoso (1.71). En su selección, el interista le gana la partida al culé, aunque en Brasil se sugiere que es por la ferviente devoción que tiene Dunga por el equilibrio defensivo. Maicon sube menos la banda, aunque cuando lo hace, su efectividad es casi plena. Alves es una locomotora de ida y vuelta. Pierde la posición, pero siempre la recupera. Esos vaivenes enferman al seleccionador canarinho, que prefiere la pausa y la tranquilidad que ofrece el gigantón.

Sin embargo, los números ofrecen otra impresión del interista. Esta temporada ya ha marcado siete goles, algo inusual en él ya que nunca había superado los cinco en el mismo curso. Mourinho le ha utilizado en otras posiciones más adelantadas. Ahí Maicon también se siente cómodo. Comenzó su carrera como extremo, pero su padre le rescató para el lateral. Le dijo que le costaría, pero que ésa era su posición. No se equivocó y hoy muchos le conseideran el mejor. Dunga, al menos, así lo cree.

Cuatro tantos menos lleva Dani Alves: tres en todas las competiciones. Aunque su gran valor aumenta a la hora de ayudar a sus compañeros: acumula once asistencias, entre Liga, Copa del Rey y Champions League. Como su compatriota, Alves empezó su carrera como interior, pero él siempre ha mostrado su enfado cuando le situaban más adelantado. Prefiere entrar por sorpresa con su gran velocidad y su exquisito toque de balón.

En el partido de ida de las semifinales entre Barcelona e Inter de Milán, Maicon ganó la partida a Alves. No sólo por el gol, sino por la nefasta actuación del azulgrana, movido por un espíritu todopoderoso que le hacía estar en todas partes, pero en ninguna estaba acertado. El primer gol del Inter de Milán, el de Sneijder llegó tras una mala basculación de Dani. Quiso ayudar a los centrales, dejando un infinito césped a su espalda que bien aprovechó el holandés. Después quiso enmendarse con subidas alocadas y centros a la nada. Maicon, por el contrario, mantuvo el sitio como siempre, hasta que vio el camino libre para hacer su gol. Efectividad cien por cien. Después se tuvo que ir a la enfermería.

Dunga ya ha hecho su elección. Parece inamovible, pero el trono de los laterales no sólo lo decide una persona. Hoy, frente a frente, con dos misiones bien distintas, Alves y Maicon se juegan más que una final.

23 abril 2010

Tiro al Plato a Nira Juanco

Si Lobato es la calva de Fórmula 1, Nira es su melena, la sombra de los pilotos en el paddock. Ha sido la primera mujer periodista de España en moverse entre los motores del Gran Circo. Dentro de dos semanas toca Montmeló.

Ferrari: ilusión y pasión

Pellegrini: un tipo muy elegante

Fútbol: diversión

Velocidad: Fórmula 1

Alonso: el mejor

Televisión: mi profesión

Florentino: una esperanza

Fama: peligrosa

Palco: glamour

Viajar: algo siempre excitante

Lobato: un crack

De la Rosa: un tipo encantador

Alguersuari: una joven promesa

Guardiola: toda una sorpresa

Coche: lugar donde evadirme

Playa: siempre sueño con ella

Gol: celebración... Aunque depende de quién lo marque

Canales: una promesa con la que hay que tener mucho cuidado

Cristiano: el mejor futbolista del mundo ahora mismo

Schumacher: una leyenda rodeada de misterio

Selección: historia. Campeones del mundo

Mundial: diecinueve carreras apasionantes

Bandera a cuadros: empieza la alegría o la decepción

Avión: mi segunda casa

Las Palmas: relax

Paddock: lugar de trabajo

22 abril 2010

Hamburgo-Fulham y la eterna resurrección de Zé Roberto

En la otra semifinal de la Europa League juega, además de Van Nistelrooy, un eterno brasileño conocido en España.

Con olor a eliminatoria rancia, el Fulham se presenta en Hamburgo para quitarle al equipo de la ciudad “su” final, al estilo del Olympique de Lyon ante el Real Madrid. El 12 de mayo se disputará la primera final de este torneo. Hamburgo acogerá el festín y su equipo aún se encuentra en la terna de invitados. Al contrario que los blancos de Chamartín, los azules alemanes han destinado toda su energía en “su” competición: mientras en su liga sólo han ganado cuatro partidos de los últimos catorce, en Europa caminan con paso firme de campeón, tras eliminar al PSV, Anderlecht y Standard de Lieja. Hace justo un año se quedaron a las puertas de la final de la UEFA. No quieren volver a repetir la decepción esta temporada, máxime cuando ellos organizan el festín.

El Hamburgo ha planeado su temporada en función de ese partido. Quiso aprender de la semifinal perdida ante el Werder Bremen, donde se acusó al equipo de blando y zafio ante la grandeza. Por esa razón fichó a Zé Roberto, brasileño de 36 años que aún da guerra por los campos a pesar de que su muerte (futbolística, entiéndase la hipérbole) se haya anunciado en numerosas ocasiones.

Zé Roberto era el típico brasileño. Técnico, habilidoso, con un velcro en su pie y una pierna izquierda tan maravillosa y sorprendente como irregular y serpentante. Fichó por el Real Madrid en 1997, pero su fútbol de vaivenes no encajó en aquella banda izquierda. Roberto Carlos era una pesada carga de comparación. Y aunque él se manejaba también más adelante, apenas dejó legado. Su travesía duró menos de una temporada. Se fue a Brasil, en un viaje del que muchos presumían que ya nunca volvería. “Una nueva promesa brasileña quedada en nada, como tantas otras”, decía el pensamiento de la época. Pero Zé Roberto regresó. Lo hizo a Leverkusen, donde encontró molde a su fútbol exclusivo, pero algo lento y flemático, en una nueva posición, la de mediocentro, en la que se ha quedado hasta hoy. Con el mejor Ballack de la historia, hizo que el club de la aspirina llegara a la final de la Champions League. El fútbol viró hacia su pierna izquierda y algunos madridistas recordaron que, tiempo ha, el carioca había pululado por el semillero blanco.

En su mejor momento, el Bayer de Munich, el imperio del monopolio del fútbol alemán, le fichó a golpe de talonario. Vivió otra gran etapa. Regresó a Brasil y hasta jugó el Mundial de 2006, donde fue incluido en el once ideal del torneo. Fue el único brasileño en conseguirlo. Dunga siguió contando con su zurda, pero ya con 32 años, Zé Roberto dijo no. Sabía que comenzaba su decadencia. Ese mismo 2006, regresó de nuevo a Brasil, al Santos, al estilo retiro doradito al que se aferran algunos futbolistas de aquellos lares (véase Ronaldo, Roberto Carlos, Romario, Juninho, Savio…). Cuando arriba la jubilación, uno quiere seguir siendo importante. Para conseguirlo, el nivel de los de alrededor debe descender para que uno siga hinchado.

Sin embargo, el fútbol guardaba a Zé Roberto un giro excepcional. El Bayern de Munich le volvió a llamar a los 33 años. Volvió a Bavaria para jugar dos temporadas, hasta que Rummenigge no quiso renovarle más. El horizonte, con 36 años, no era alentador. Pero Zé Roberto ha vuelto a reinventarse. En verano fichó por el Hamburgo y hoy se juega el pase a la final con el Fulham inglés. Es la pieza que comanda el fútbol del equipo alemán, aunque el físico ya no le dé grandes treguas. Nunca se ha basado en él, pero hoy sus piernas le abandonas pronto en los partidos. Lo que aún sigue perviviendo es aquel fino velero que calzaba en sus botas.

Agüero y Fernando Torres, ¿a quién se echará más de menos?

Los dos delanteros son las dos ausencias más significativas del partido de la Europa League.

El gol es al fútbol como la estocada a los toros. Sin ambas suertes, el resto del trabajo se desdibuja en un vacío precioso que no lleva a ningún lado. Esta noche, en el Vicente Calderón, esa suerte suprema se encuentra escaldada. Ni Kun Agüero ni Fernando Torres jugarán. El primero por una tarjeta amarilla tan estúpida como dolorosa: la parsimonia es pecado en el fútbol. Torres tampoco jugará por una lesión que tiene en vilo a Liverpool y España. Llegará al Mundial, ¿pero a qué precio?

Esta semana los futbolistas y técnicos del Atlético de Madrid han discutido sobre qué equipo pierde más con cada baja. El utrerano Reyes cree que el Kun es más importante para el Atlético de lo que Torres significa para el Liverpool. Quique Sánchez Flores, vestido con traje de embajador pacífico, ha abogado por un fifty-fifty diplomático.

Sin embargo, más allá de opiniones y criterios, existen unos números que dilucidan sin error quién de los dos futbolistas, Agüero o Torres, es más importante para su equipo.

Esta temporada, Kun Agüero ha jugado 27 partidos de Liga, convirtiendo once goles. En la Copa del Rey, donde aún le resta un encuentro, el de la final del Camp Nou, ha jugado cinco partidos con un bagaje de dos tantos. En la Champions League el argentino suma un total de seis chicharros en catorce partidos (cuatro en Champions contando la previa, y dos en la Europa League). En total, Agüero acumula 19 goles en 46 encuentros, a 0.41 tantos por partido, y cuatro asistencias (tres en Liga y una en la Europa League).

Torres supera esas cifras. Las lesiones no han convertido en un solar sus estadísticas. Ha jugado 22 partidos y 18 goles en Liga; cuatro encuentros sin ver puerta en la Champions; cuatro chicharritos en otros tantos partidos en la Europa League; y dos encuentros sin mojar en la FA Cup. Sumando sus registros, el resultado es de 22 goles en 32 encuentros, a 0.68 tantos por partido, y tres asistencias (todas ellas en Liga).Los números son demasiado fríos para mentir. Pero quizá por esa razón entiendan poco al balón, que también mira más allá de estadísticas y algoritmos. El esférico necesita cariño y afición voluptuosa, que en el Calderón pocas veces se levanta más allá de la figura de Kun Agüero.

21 abril 2010

Bayern de Munich vs Olympique de Lyon; Robben vs Lloris

La semifinal de Champions enfrenta a un renacido Robben con el portero menos goleado de la competición.

Quienes hubiesen apostado sus buenos y prominentes dineros por una semifinal entre Bayern de Munich y Olympique de Lyon a buen seguro se encontrarán relamiendo sus abundantes y pródigos billetes. Ni alemanes ni franceses partían como favoritos para sobrevivir a estas alturas del encuentro europeo. Sin embargo, la suerte y el oficio también tienen cabida en estas lides.

El eterno Louis Van Gaal (se van a cumplir ya quince años de su Champions con el Ajax) recogió un equipo desfondado, viejo y con la autoestima enterrada en su flamante Allianz Arena. Su entonces estrella Ribery no entendía a su técnico, que nunca se ha llevado bien con los astros del balón. Le ocurrió en su día con Rivaldo, al que maniataba en la banda izquierda. El brasileño quería desplegar arte por el centro. Como si hubiese aprendido la lección, Van Gaal quiso darle esa libertad a Ribery con su vozarrón autoritario. “Prefiero jugar en la banda izquierda”, le espetó el francés. Las apetencias de los genios nunca tienen lógica. Por esa razón resultan tan eminentes.

El verano transcurría nervioso. Van Gaal se imponía con sus formas totalitarias y el equipo no respondía a su guión. Entonces, sin previo aviso, se abrió el cielo en forma de tulipán. El madridista Robben fichó por los bávaros y el libreto varió su rumbo hasta tal punto que Van Gaal cambió su forma de comunicarse con sus futbolistas, como él mismo reconoció hace semanas. La temporada inició mal, pero la fortuna esperaba a técnico holandés en cada esquina, cuando la soga de la muerte banquillera asomaba en la puerta del estadio. Se clasificó para los octavos de final de la Champions en dos partidos finales agónicos, eliminando a la Juventus cuando en la cuarta jornada de la liguilla los alemanes veían el despeñadero a centímetros. Los octavos y cuartos de final repitieron el guión: dos goles de Robben, ya erigido como máxima estrella del equipo, ante Fiorentina y Manchester United han dado estas semifinales a un club que no alcanzaba esta ronda desde 2001, cuando ganó al Valencia su última Champions League.

Ahí le espera esta noche el Olympique de Lyon, que, con el peor equipo de sus últimos años, ha encontrado el dorado que siempre ha deseado su presidente Aulas: triunfar en Europa. Lo ha hecho con un estilo diametralmente diferente al que le hizo sucumbir en el Viejo Continente durante años. Antes coronaba Francia y se hundía en Europa. Hoy el algoritmo se ha invertido. El Olympique de Lyon ha basado su campaña europea en la fortaleza defensiva. Sólo ha encajado seis goles, erigiéndose como el equipo menos goleado de la competición. Lloris, el guardameta que llegó por 8,5 millones de euros para henchir el teórico gran vacío de Coupet, ha sido el origen y final de esta historia. El joven portero francés (sólo tiene 24 años) ha despertado el interés de los más grandes clubes europeos. Tiene rápidos reflejos felinos y un aplomo que difiere en mucho de la edad que cumple.

Hoy Robben y Lloris serán protagonistas de un duelo incierto y sorprendente. Son las teóricas cenicientas de la Champions League, pero Real Madrid y Manchester United ya han probado sus bocados. Hoy uno de ellos experimentará la mordedura del otro: el incisivo de Robben o el colmillo de Lloris.

20 abril 2010

“Prefiero catorce horas de bus que ver el partido por la televisión”, zanjó Guardiola la discusión sobre el ya famoso viaje del FC Barcelona a Milán. El autobús azulgrana nunca tuvo tanto protagonismo como en estos días, como si la mayoría de futbolista no viajase en este medio de transporte para dar patadas a un balón.

A excepción de los grandes del fútbol, digamos los equipos de Primera división y no todos, el resto de futbolistas, futboleros y mediopateadores tienen que subirse a un autobús cada vez que el fútbol les llama más allá de su propio estadio. Uno no se refiere a los conjuntos canteranos de los clubes. Sino más bien a los cientos de equipos que pululan más allá de los focos de Primera. En Segunda división, sin tener que caminar demasiado, viajan en sillones reclinables por los campos de Castilla, las huertas valencianas o los olivares andaluces. Y ellos, sin parar en mecas del cine europeo ni escoltas policiales. En esto de los buses, también existen clases.

El bus del Barcelona ha focalizado toda la atención. Si el Barça gana, se dirá que lo hizo a pesar del autocar. Si pierde, la kilometrada tendrá buena parte de la culpa, por mucho que Guardiola se empeñe en lo contrario. Esta semana ha tenido la gloria que nunca antes tuvo un autobús. Quizá, a partir de ahora, nos fijemos más en él. En el del Nàstic o el Girona cuando viaje a Huelva. O en el del Real Unión cuando visite Córdoba o Sevilla. Ellos sí saben lo que es jugar con kilómetros a su espalda. Lo hacen siempre cada dos semanas. Palabras clave: bus Barcelona, viaje en autobús, Inter de Milán, Milán, Girona, Nàstic, Huelva, Real Unión, Sevilla, Córdoba.

14 abril 2010

Lotina: "No voy convencido de ganar al Barcelona"

Las últimas declaraciones de los futbolistas y el entrenador deportivistas no auguran mucha esperanza para los blanquiazules.

Hace dos días le tocó el turno a Sergio: "Los puntos son lo de menos en el Camp Nopu". Y ayer se destapó el jefe Lotina: "No puedo ir convencido de ganar porque están en un gran momento y nosotros no, pero voy convencido de hacer un buen partido, dar una buena imagen y ponérselo difícil", dijo en rueda de prensa.

La sensación que impera en la expedición deportivista es la de un imposible, la de una misión más dada a lo sobrenatural que a lo terrenal. Algo parecido a lo que ocurrió hace justo una temporada. El viaje desde poniente al oriente iba cargado de pesimismo. Se notó en el campo y Lotina y sus chicos se llevaron cinco en el zurrón.

¿Las últimas jornadas de Deportivo y Barcelona justifican ese ánimo? Quizá, pero la obligación de un futbolista es salir a ganar todos los partidos. Al menos, intentarlo. Quizá sea una táctica de despiste, pero el antecedente de hace un año insinúa lo contrario. "Vamos con ilusión por jugar ante el mejor de Europa y casi estaremos de acuerdo que del mundo. Iremos con tranquilidad por la clasificación, y es un momento para disfrutar del partido, pero no para divertirse", sentenció Lotina. Como quien va a la playa a disfrutar con las olas.

10 abril 2010

Cristiano Ronaldo, "mil calles por delante de Messi"

Cristiano Ronaldo ha encontrado en Messi una nueva motivación para llegar a ser el mejor futbolista de la historia. Ése es el objetivo que se marcó de niño, salpicado de pequeños retos que ha ido superando. Esta noche puede culminar otro.

La rivalidad entre divinidades hace más atractivas sus contiendas. Ocurre con frecuencia en el tenis, que ha ido balanceándose entre batallas personales de alta alcurnia a lo largo de los años. Esas cruzadas han dado mayor atractivo a sus raquetas. Björn Borg contra Mc Enroe en los 80; Sampras y Agassi en los 90; Federer y Nadal ahora.

En el fútbol, quizá por tratarse de un deporte en equipo, esas cruzadas personales entre héroes han escaseado. Ni Di Stéfano, ni Pelé, ni Maradona, ni Zidane tuvieron sombra que les hiciera compartir su cetro. Si acaso Cruyff en su disputa con Beckenbauer en la final del Mundial de Alemania de 1974 que se llevó el teutón. Pero ni siquiera ese forcejeo se asemeja al que Cristiano Ronaldo y Messi viven desde hace años. Esta noche la lucha cobra su máximo esplendor. Nunca antes se había vivido una batalla tan encarnizada e igualada, en una misma competición al mismo tiempo, y en dos equipos tan antagonistas como Real Madrid y Barcelona.

Para Cristiano Ronaldo esa batalla es prioritaria, aunque no pueda reconocerlo en público. “No sólo vamos a jugar Messi y yo. No es un partido individual”, afirma cuando le preguntan por el argentino. Pero para él, el fútbol es como una oposición para el cargo de mejor futbolista de la historia. Una carrera de largo fondo, para la que necesita exámenes parciales, motivaciones más cercanas, que no le hagan desfallecer en su caballeroso intento. “Nunca me cansaré de ganar hasta que me retire. Es mi forma de ser”, respondió en una entrevista en El Mundo.

Superar a Maradona y a Best
Sir Alex Ferguson conocía bien el reto de Cristiano. Por esa razón le conducía como cuando un padre enseña a su hijo a montar en bici. El manager del Manchester United –que quiso vender a Ronaldo al Barcelona por la mitad de precio que al Madrid, a lo que se negó el jugador– tomó esa actitud con Cristiano. Le motivaba una y otra vez comparándole con Maradona, sabiendo que su discípulo sacaría su orgullo ganador. “Tu velocidad es increíble”, le decía. “Maradona corría a gran velocidad con el balón en los pies y tú eres como él”.

En la temporada 2007-08, cuando alcanzó la cifra de 42 goles, Sir Alex le arengaba para superar a George Best, el mito de Old Trafford que hasta entonces poseía el récord goleador del Manchester United en una temporada –32 tantos–. “Mi vida siempre ha sido un desafío. La vida se construye de retos y dificultades. Yo las he ido superando porque mi objetivo siempre era ganar. Soy una persona ganadora”, reconoce Cristiano.

Odio y cariño
Ronaldo vive cada quince días algo similar a lo que Cristo padeció en una semana. Un domingo la muchedumbre recibió a Jesús con palmas y ramos de laurel. A la siguiente, esa misma multitud le condenó a la cruz. Ronaldo soporta esa hipocresía más allá de Chamartín. Los compañeros de Cristiano en el Real Madrid aún se asombran de esa dualidad: en los aeropuertos los aficionados se agolpan para oler su perfume entre vítores y palmas, y un día después le insultan cuando salta al césped. “Que me piten me motiva más”, repite una y otra vez el 9 del Madrid.En la historia del fútbol, el rencor suele dar mayores alas al destinatario de las injurias e improperios. “Cristiano es como yo”, dice Hugo Sánchez. “A él, como a mí me pasaba, el odio le motiva. Lo que hay son muchos celos”.

Ocurrió también con uno de los protagonistas del marcaje más famoso de la historia, el que le hizo Gentile a Maradona en el Mundial´82. “Maradona me insultaba y eso me motivaba más”, reconoció con el tiempo el italiano.Más allá de la animadversión y la ojeriza, Cristiano prefiere dar importancia a los que le admiran. “Ellos son los que me motivan para ser mejor”, reconoce en un guiño a la afición del Real Madrid. Lo dijo mientras veía tras los cristales del coche cómo la gente se arremolinaba para tener un hueco en su presentación como nuevo futbolista merengón.

El nuevo Raúl
En la búsqueda de la perfección, Cristiano no deja espacio a los imprevistos. Nada más llegar al Real Madrid quiso empaparse de su historia y leyendas, como se hace en casi todos los equipo ingleses con leyenda. No quería perder el tiempo. Odia hacerlo. Sabía que la disputa con Messi ya había comenzado y de la adaptación a su nuevo club dependía el devenir de esa reyerta. En el primer entrenamiento con los blancos, en Dublín, Pepe le recibió e hizo de cicerone a su llegada. Pero en la comida tras el entreno, Cristiano se separó de su compatriota y se sentó a comer en la mesa de Raúl, nunca destinada a los novicios recién llegados. “Sabía que el capitán le podía contar más cosas y aconsejar mejor sobre el Real Madrid que yo”, reconoce Pepe en el libro Cristiano Ronaldo, sueños cumplidos, escrito por Enrique Ortego. “Raúl es una referencia en este club, un motivador y un ejemplo”, confiesa Ronaldo.

Raúl enseñó a Cristiano los entresijos, la historia y el espíritu del Madrid. De aquellas instrucciones el portugués ha heredado el papel del 7. Sin éste sobre el campo, el de Madeira se encarga de levantar la moral de la tropa cuando encaja un gol o la lívido baja hasta el verdín. Gesticula, grita y se apresura a por el balón para no perder más tiempo, al más puro estilo de su capitán.

La batalla con Messi
Las grandes batallas son aquellas que ganan grandes guerras. Un partido entre Federer y Nadal no tiene la misma importancia en el Conde de Godó que en Wimbledon. Hoy Cristiano y Messi juegan esa particular final del legendario torneo inglés. Esta noche el Bernabéu se convierte en el All England Club para ver la mejor final posible de la Liga: los dos equipos con mayor rivalidad en un escenario histórico, empatados a puntos y casi a goles y con los dos futbolistas que pelean por ser el mejor del mundo. “Superar a Messi me motiva más”, se sincera el portugués.

Cristiano Ronaldo reconoce el último reto que le ha llegado para aprobar aquella oposición que se marcó de niño. “Las mejores temporadas de Ronaldo aún están por llegar”, dice Ferguson. “En dos o tres años se podrá ver al mejor Cristiano”, continúa el escocés. Hoy Ronaldo tiene un paraje casi irrepetible para llevar a cabo su magnánima obra. Aunque para muchos, ese reto ya lo ha conseguido. “Cristiano es un dios de otro mundo”, afirma el portugués Eusebio. “Para mí es el mejor del mundo. Muchas millas, muchas calles por delante de Messi”, sentencia la discusión Sir Alex Ferguson.

07 abril 2010

Calamaro se rinde al Dios Messi

En Argentina siempre ha habido tres divinidades: Maradona, Gardel y Evita Perón. El resto de personalidades no llegaba a tales distinciones. Se quedaban en el camino. Canciones y poemas se congregaban en torno a ellos. Andrés Calamaro, otro semidiós de aquellos lares, fue uno de los tantos que dedicó una canción a su amigo el Dios Maradona: "Maradona no es una persona cualquiera, es un hombre pegado a una pelota de cuero. Tiene el don celestial de tratar muy bien al balón, es un guerrero. Es un ángel y se le ven las alas heridas. Es la Biblia junto al calefón. Tiene un guante blanco calzado en el pie del lado del corazón", decía su inicio.

Sin embargo, a Maradona le ha salido un rival en su terreno. Los 40 goles que ha marcado Lionel Messi esta temporada junto a las exhibiciones como la de ayer ante el Arsenal han hecho que el trono balompédico de Maradona se discuta. Hasta el amiguísimo de Maradona, Andrés Calamaro, se ha rendido a los pies de Messi. Sin tiempo para escribirle una canción, le ha dedicado varios tweets en su twitter (@andres_calamaro) mientras veía el partido (reporducción exacta de los tweets):

1. DIOS JUEGA AL FUTBOL : Rey en Europa + rey del mundo : MESSI MESSI MESSI !

2. HE VISTO A MESSI.

3. he visto a dios por television ... messi es amor.

4. ver a messi es como enamorarse de la television ... es una epifania ... nos demuestra la existencia de lo divino ! MESSI MESSI MESSI.

5. no es para fardar pero de futbol bastante y (el futbol) nunca habia estado tan cerca de el arte y de dios misericordioso ; hail hail messi !

6. MESSI MESSI MESSI MESSI (cuatro veces messi) //// forever pulga.

06 abril 2010

"Vuelve con el escudo o encima de él"

Esta noche en el Camp Nou no juega el hombre que porta el alma originaria del Barcelona: Carles Puyol. Bien puede partirse el pecho para salvar dos goles cantados ante el Real Madrid como dar una asistencia a lo Xavi ante el Athletic. El capitán simboliza el orgullo y la fe de este equipo.

Hace mes y medio Carles Puyol vio por primera vez en su vida una obra de teatro, M’agrada molt el que fas. El capitán del Barcelona prefiere el cine, donde descubrió la historia de 300, su película favorita, basada en el cómic de Frank Miller, donde un ejército de trescientos espartanos se enfrenta al imperio persa.

Carles Puyol nació en La Pobla de Segur, pero bien podría haberlo hecho en Esparta hace 2.490 años. Esparta era una ciudad-estado de la antigua Grecia que rivalizaba en importancia con Atenas. Desde jóvenes, los espartanos dedicaban su tiempo a prepararse para el combate militar. “Vuelve con el escudo o encima de él”, apremiaban las madres a sus hijos antes de las batallas. Algo parecido a lo que le decía Josep Puyol a su hijo Carles. “Si vuelves, que sea porque no vales, no porque no te has esforzado”, le repetía una y otra vez al ya eterno 5 del Barcelona cuando éste vivía en La Masía.

La fisonomía del capitán del Barcelona abunda aún más en esa brisa guerrera que le agita. Puyol siempre ha sabido que sus cualidades transitaban por un camino distinto al de sus compañeros de La Masía. Mientras el resto podía valerse sólo con su técnica, él siempre ha necesitado también de su corpachón y entrega. Es el Rafa Nadal del fútbol español: pelear hasta la extenuación, batallar hasta la victoria. “El punto de inconsciencia que siempre me acompaña es el que me ha traído hasta aquí”, repite una y otra vez el defensa. Ese carácter ha quedado impregnado en multitud de imágenes inmortales: los dos goles que evitó ante el Real Madrid en la primera vuelta de esta temporada, lanzándose a la desesperada como felino a su presa (ver en: www.youtube.com/watch?v=qJwxXsfFSic); o el tanto que evitó con el pecho en el Barcelona-Lokomotiv de 2002, volando en una palomita inmortal digna del mejor capítulo de Oliver y Benji, cuando el delantero contrario se encontraba con la portería vacía ante sus pies (www.youtube.com/watch?v=MYakjviOOhQ).

A sus 32 años –los cumple dentro de una semana–, Puyol completa una de sus mejores temporadas, justo en el año en que peores perspectivas se avecinaban sobre él. “Está implacable”, dice Guardiola. “Lleva una temporada que parece que tenga veinte años”. Hace ocho meses, antes de renovar por tres años más, el de La Pobla de Segur expresó sus “dudas de naturaleza técnica”, como reconoció su representante, a Begiristain. “A Pep el jugador le gusta, pero en el centro desea a jugadores que sepan jugar bien el balón y es posible que prefiera a Márquez, Chygrynskiy o Piqué antes que a Puyol”, admitía Ramón Sostres, agente de Puyol, mientras negociaba la renovación.

El capitán veía que su lugar en el equipo ya no era tan seguro como antaño. Gracias a la polivalencia de la que ha hecho gala en su carrera –comenzó como delantero; pasó al extremo derecho; se reubicó en el lateral; y Antic le empujó a la zona central–, la temporada pasada jugó como comodín de una defensa castigada por los traumatismos. El 61% de los partidos los disputó como central; el 39%, como lateral, incluyendo las finales de Copa del Rey y Champions League. “En la semifinal contra el Chelsea jugó poco. Es el único capitán que no ha estado en un partido tan importante”, proseguía el agente del futbolista. El empecinamiento de Pep Guardiola en el fichaje de Chygrynskiy multiplicó sus vacilaciones. Sin embargo, a medida que éstas aumentaban, su rendimiento sobre el césped ha ido acrecentándose. “Puyol no se mueve. Y si tiene pensado moverse, que se olvide... Y jugará donde le diga yo. Y lo hará muy bien”, zanjó la discusión Guardiola.

Adiós a la Selección
Esas palabras de Pep preludiaron la renovación del Espartaco de la Liga hasta 2013, que ya sueña con “jugar hasta los 37”. En ese punto se encuentra su meta y para eso trabaja a destajo, sabiendo que su cuerpo es el único y solitario arma con y contra el que debe luchar. “Nunca vas a entrenar sin que tengas alguna molestia. Esto es lo más duro del fútbol”, afirma el capitán barcelonista, que a sus entrenamientos con el equipo suma dos sesiones particulares de pilates a la semana para “equilibrar la musculatura”. “Me va muy bien”, explica. Su próxima decisión afectará a la selección española. Tiene casi decidido dejar de jugar con ella cuando termine el Mundial para rebajar la carga de partidos. “Es algo que tengo en la cabeza”, apunta.

Esta noche el Barcelona entra en la etapa definitiva de la temporada. Hoy el Arsenal –sin su gran guerrero–; dentro de cuatro días, el Santiago Bernabéu. Instantes donde el cansancio no existe. Menos para un capitán que lidera a su equipo con la bandera del orgullo y la pasión: “Llega el momento más bonito para un futbolista. Ahora las semanas pasan volando”, subraya Puyol, que en el largo desierto gaspartiano, pensó “que nunca ganaría nada”. No ha ocurrido así. En su melena, cuyo flequillo se retoca con sumo mimo para que no le moleste en el fragor de la batalla –“¿no tienes dinero para cortarte el pelo?”, le dijo Van Gaal la primera vez que le vio–, ya colecciona un Mundial de clubes, dos Champions League, tres Ligas, una Copa del Rey –“siempre recordaré la final de Copa como uno de los días más felices de mi vida”, reconoce–, tres Supercopas de España, una de Europa y un 2-6 contra el Real Madrid que le había pronosticado un amigo minutos antes de aquel clásico, en el mismo hotel de concentración. “Estás loco”, le respondió Puyol.

Hoy Puyol, aunque observe la batalla desde la grada, bajará al vestuario para dar el grito de guerra y orgullo que llene la fe de sus hombres. Aún desde la altura y la distancia del palco, liderará a su ejército azulgrana ante el Arsenal, como el rey Leónidas lo hiciera con sus 300 hombres contra los persas.

22 marzo 2010

¿Es obligatorio celebrar un gol? Publicado en MP el 28 de febrero

No existe deporte donde no se celebren sus victorias. Hasta en el ajedrez, más dado al sosiego de la inteligencia, tiene su propio espacio de arrebato pasional. Minúsculo, porque la quietud apelmaza, pero en ocasiones el frenesí escapa a la calma del tablero. En el fútbol ocurre lo contrario. La norma proclama la apoteosis y la exaltación de los triunfos. La excepción es el silencio. Aunque en esta temporada esa alteración de la normalidad se ha extendido en la Liga BBVA. Cristiano Ronaldo e Ibrahimovic tienen buena culpa de ello.

Zlatan Ibrahimovic nunca ha sido amigo del festejo del gol ajeno. Ya en el Inter de Milán tuvo problemas con ese tipo de situaciones. La temporada pasada, con el título de liga en la mano, el sueco se enfadó tras un gol de su compañero Balotelli. Quería marcarlo él para conseguir el galardón de máximo goleador que ya rozaba con las manos. No celebró aquel tanto y después pidió el cambio.

En Barcelona, el espigado delantero ha proseguido en ocasiones esa espiral de frialdad e indolencia hacia el resto. En la segunda jornada, el sueco asistió a Messi para que marcara el segundo gol ante el Getafe. El argentino se dirigió a él con la gratitud como respuesta, aunque para entonces Zlatan ya se había dado la vuelta con el desdén de los que se sienten superiores. Sólo respondió cuando Leo le abrazó. Algo parecido ocurrió en Gijón, cuando Pedro marcó el gol de la victoria. Ibrahimovic se encontraba desmarcado y solo, predispuesto para el goce. Sin embargo el tinerfeño decidió asumir el riesgo. Zlatan se quedó parado ante su desilusión, que no la del barcelonismo, que festejaba el tanto del canterano. “Es un defecto no ir a celebrar los goles con los compañeros. Está muy mal”, afirma el futbolista Pablo Aimar, dado también a ese tipo de trifulcas en Valencia y Zaragoza.

Cristiano Ronaldo también ha caído en ese desapego del triunfo forastero. Ante el Almería, tras errar un penalti, no aclamó el gol de Benzema. “No creo que haya hecho nada malo”, le justificó Pellegrini. “Me dio rabia fallarlo. Me quedé enfadado porque no me gusta perder ni fallar. Mi reacción va a ser siempre así”, dice el 9 del Real Madrid. Dos meses y medio después, su profecía se ha vuelto a producir. Frente al Villarreal se repitió el argumento. Tras quitarle Xabi Alonso la pena máxima y, según laSexta, después de que el tolosarra le llamara “mentiroso”, el portugués no festejó el tanto del donostiarra. Ni siquiera cuando éste le encomiaba a abrazarle. “No es obligatorio celebrar siempre los goles, ¿verdad? Cuando marco un gol, Casillas no viene a abrazarme. No pasa nada. ¿Era obligatorio celebrarlo?”, se justifica Cristiano.

“Hay que ir a celebrar los goles por más que te mueras porque para el compañero es lindo”, responde a esa pregunta el argentino Aimar. “Si tuviera chicos a los que entrenar, les diría `vayan los once a celebrar el gol´. Me parece perfecto que sea un festejo de todo el equipo”, prosigue.

Los directores del festejo
Muchos futbolistas no sólo firman esa doctrina anunciada por Aimar, sino que buscan uno a uno a todos sus compañeros para que se unan a la gran melé del fútbol. Puyol y Arbeloa son esos buscones en Barcelona y Real Madrid. Su posición en el campo no es óbice para que lleguen los primeros al gran abrazo sindical. Ellos aglutinan y organizan la secuencia. Son los directores del festejo, quizá porque ellos se encuentran tan lejos de saborear los goles propios que prefieren disfrutar con el gusto de los otros. ¿Quién se hará con los galones cuando ambos coincidan en la selección española?

Pep Guardiola tenía ese papel cuando jugaba. Ahora, en la fría banqueta de la banda, aboga por la misma filosofía. La semana pasada reprendió a su futbolista Thiago tras su gol ante el Racing. El canterano corrió hasta la banda para abrazarse a su amigo Jonathan. “Estas cosas no se pueden hacer a su edad. Debe abrazarse con sus compañeros y seguir trabajando”, señaló en público el entrenador azulgrana.

El filósofo Goñi Zubieta ha teorizado sobre este tipo de ceremonias futboleras. En su libro Futbolista: filosofar a través del fútbol observa cómo este tipo de situaciones han mutado hacia “un cierto individualismo que antaño no existía”. Incluso algunos futbolistas apartan a sus propios compañeros para profesar su festejo en soledad. “Antes consistían casi exclusivamente en formar un gran abrazo colectivo, como si el protagonista se fundiera con todo el equipo”, añade Zubieta. Pero algunos jugadores ni siquiera atienden a esa lógica. Son aquellos que creen que un festejo es la celebración de algo extraordinario. Y para ellos, el gol es algo cotidiano.

03 marzo 2010

Míchel: "Del Bosque era el Guardiola del Madrid"

José Miguel González Martín del Campo, Míchel, debutó en un banquillo hace cinco años, justo cuando mediapunta alumbraba sus primeros caracteres. Hoy el mítico 8 del Real Madrid entrena en Primera división, en el banquillo del Getafe, desde donde mira atrás para desmenuzar lo más importante ocurrido en el fútbol español en este tiempo.

“La repercusión de Guardiola se puede comparar a la de Sacchi”
El balón gira mucho más veloz que la vida cotidiana. Cinco temporadas no equivalen a cinco años de rutina. Europa tardó setenta años en zafarse de las dictaduras que poblaban sus terruños. En el fútbol esos cambios de guión suceden con mayor celeridad. En 2004, Oporto y Grecia coronaban el Viejo Continente con el freno de mano echado. Hoy el Barcelona y España ocupan la poltrona con un modelo más cercano al arte que al lodazal de aquellos equipos tan tacaños. El cielo y el infierno, si existen, en el fútbol están más cerca. “Ha habido un cambio generacional importante”, se apresura a explicar Míchel. “Los equipos tienden a dar mucho más protagonismo al balón. La Selección ha sido el punto de inflexión, y de forma paralela, la forma de jugar del Barcelona. Son dos modelos idénticos en cuanto a concepto. Pero al mismo tiempo, singulares, porque tienen cosas distintas”.

Los futbolistas con vocación de precoces instructores han alterado esa encrucijada del fútbol. “Se va hacia el entrenador ex futbolista. La aparición de Guardiola ha sido un acierto sustancial. Ha hecho que la gente vea que en el resultadismo también se encuentra implícito el buen juego”. Hace veinte años Sacchi dio comienzo a una etapa obsesionada y angustiada por la búsqueda del equilibrio y la proporción, “como si eso no lo diesen los futbolistas que juegan bien”, interrumpe Míchel. Corrían tiempos de jugadores de físico imponente y dobles pivotes más hechos para el desgarro que para la costura. “Sacchi trajo esa tendencia. Eso se ha ido reconstruyendo hasta que ha habido una aparición como la de Guardiola. Por esa razón se puede comparar la repercusión de éste con la de aquél”.

Míchel, ¿el Guardiola blanco?
“La tendencia, sin ninguna discusión, es buscar lo que hace el Barcelona, cada uno a su nivel”. Esa predisposición suele producirse entre los equipos grandes, Real Madrid y Barça. Cuando apareció Casillas, en la Ciudad Condal sacrificaron porteros en la búsqueda de un Íker en versión azulgrana. A Reina le devoró aquella espiral autodestructiva. Lo mismo sucedió en la etapa de Del Bosque. El entonces presidente Gaspart quiso encontrar en Rexach a su Vicente particular. Hoy ese viaje ocurre con dirección a Chamartín. Se busca a un Guardiola blanco. Cuando alguien menciona esa figura, el nombre de Míchel aparece en los boletos. “Del Bosque fue el Guardiola que tuvo el Real Madrid. Pero no creo en los mimetismos. Las estructuras de Real Madrid y Barcelona son diversas y contrarias, aunque tengan un mismo fin”.

“Silva es el futbolista que más me ha llamado la atención”
Mediapunta nació en un oasis de zurdos en el fútbol. “Zurdos, la especie no chuta”, tituló el periodista Enrique Ortego el primer reportaje de esta casa. Adriano, D´Alessandro, Petrov y Robben asomaban la cabeza para terminar con ese asueto de siniestros. Ninguno ha triunfado, abandonado cada cual a sus delirios e infortunios. Hoy en el paisaje florecen sin cesar esos rara avis que son los zurdos y que visten al fútbol de elegancia y finura. Futbolistas como Messi, Silva, Mata, Capel, Perotti o el último descubrimiento de Canales pueblan la Liga BBVA, desterrando el fantasma de una ausencia eterna de este tipo de estilistas.

“Han aparecido zurdos, pero por encima de todo, ahora se da importancia a la calidad, con independencia del físico. Todos esos locos bajitos que vemos son los mejores de la Liga y en nuestra selección han tenido un respaldo. Ya no hay un fiscal como teníamos antes en los entrenadores, sino a un abogado defensor”, analiza Míchel, que bien sabe de ese tipo de técnicos impermeables a la pulcritud. Después de jugar con la pelliza rojigualda durante 66 partidos desde 1985 –sólo se perdió un amistoso por lesión–, Clemente le desterró de forma fulminante.
¿Qué futbolistas le han impresionado más en estos cinco años? El carrusel de jugadores se acumula en el zurrón. “Hemos presenciado la confirmación de Messi y el reconocimiento de Xavi. Por fin un jugador de ese estilo tiene sitio en el podium. Me llama mucho la atención Casillas, cada vez más firme, cada vez más estable. Y me asombra Silva. Creo que es el futbolista que más me ha llamado la atención en los últimos años”. Zurdos, la especie ya chuta.

“España interpretaba un papel que no sentía”
La Selección ha marcado el camino de la nueva era, derribando los mitos insufribles que siempre le acechaban. “Esa barrera se ha derribado para las generaciones futuras. Con la Eurocopa ha caído todo el muro”, vaticina Míchel. Los cuartos de final de cada competición sumaban una piedra más en ese tabique patrio que se iba construyendo desde 1964. Alrededor de él giraba la España futbolística sin una idea a la que aferrarse. “Ahora sí la hay y se fue con ella hasta el final. España siempre jugaba a lo que no era y a interpretar un papel que no sentía”.

Costó alcanzar ese patrón, esa guía intelectual que dirigiera el fútbol nacional. “Llegó un momento en la clasificación para la Eurocopa donde las cosas pintaban muy mal. Entonces Luis Aragonés decidió tirar por lo que creía. Eso nos suele pasar a los entrenadores. Las bajas del Real Madrid en La Coruña, por ejemplo, hicieron que Pellegrini fuese fiel a su idea, metiendo a muchos centrocampistas. Y le fue fenomenal”.

No le pudo ir mejor tampoco a Aragonés. Con su apuesta por los “locos bajitos” y jugones, llegó el estilo de toque y distinción a la selección española. “Hace seis u ocho años esos futbolistas no hubiesen jugado. Antes los seleccionadores no contaban con jugadores como ellos. Quizá con uno o dos en una lista. Pero no con ocho o diez como ocurre ahora”.

“Guti siempre se agota de ser el mejor”
Míchel fue una especie de Guti en su tiempo. Futbolista superlativo con arrebatos excéntricos y enigmáticos, aunque con una disciplina mucho mayor que la del actual 14 del Real Madrid. “El problema de Guti es su regularidad. Él lo sabe. Se agota enseguida, no en lo físico, sino mentalmente. Se ha agotado siempre de ser el mejor, de ser un genio”.

¿Puede corregirse eso o es un mal endémico? “Creo que tiene remedio. Yo he visto a Guti marcar catorce goles con Del Bosque. A lo mejor no ha tenido esa conexión con ningún entrenador más”. Sin embargo, por el despeñadero en el que se ha convertido el banquillo madridista han pasado catorce técnicos desde 1995, año en el que Guti saltó al primer equipo. Los catorce del 14: desde Valdano y Arsenio Iglesias a Juande y Pellegrini. “Quizá sólo buscaron al Guti futbolista. Si hubiesen intentado encontrar al Guti persona, a lo mejor se lo hubieran encontrado y hubieran conectado más”.

“Si Raúl tuviese 19 años y estuviera jugando igual, destacaríamos su gran futuro”
El debate sobre Raúl, cómo no, surge en el desfile de la conversación. La figura del 7 ha aderezado el debate más enconado de los últimos cinco años. En la Selección antes; en el Real Madrid después. “Raúl ha seguido un proceso natural en este país: alabanzas, a veces hasta injustificadas, portadas de periódicos, ganador de tres Champions League… Y luego, ya no sé por qué, la gente se cansa y ya no sólo no le quiere sino que desea su retirada. Es otro caso más de falta de memoria”, sentencia Míchel.

Los números de Raúl han encogido a medida que su edad se disparaba. En la 2004-05 marcó trece goles; siete en la 05-06; doce en la siguiente; y regresó a la magnanimidad hace una temporada, con 23. “Pero los medios de comunicación necesitan nuevos iconos y Raúl ya no les vende. Por ejemplo, si ante el Deportivo de La Coruña Raúl hubiese tenido 19 años y hubiese jugado igual, se habría destacado de él su gran trabajo, su pelea, su gran futuro. Pero ahora ¿qué se dice? El día que debutó falló cinco goles. Eran para asesinarle. Y al día siguiente decían que se trataba de un chaval con futuro. ¿Te imaginas que contra el Dépor hubiera fallado cinco goles?”.

23 febrero 2010

El ciclista que sueña con ser Míchel

Pedro León lleva dos temporadas en Primera división. Con cada asistencia y gol de falta que marca recuerda a la mejor época de Míchel en el Real Madrid. Juegan en la misma posición y con la misma elegancia. Hoy el 8 blanco le aconseja cómo llegar a su nivel.

En ocasiones las personas tienen la sensación de haber vivido ya un determinado momento. Se trata del fenómeno conocido como déjà vu –“ya visto”, en francés–, aunque algunos aún lo asocian a teorías de la reencarnación o similares. En el fútbol, esos fogonazos memorísticos son muy socorridos. Ocurre cuando Messi regatea y proyecta al Pelusa. O cuando Kaká levita en un control como antes lo hacía Zidane. O con las carreras ronaldas y potentes del madridista Benzema. En Getafe tienen su propio déjà vu. Cuando Pedro León se aposta por la banda, la evocación viaja hasta su banquillo. Allí le observa Míchel, su fogonazo, hoy también su entrenador.

Pedro León juega en la misma demarcación en la que lo hiciera Míchel, condición casi inexcusable pero insuficiente para este tipo de añoranzas instintivas. Extremos derechos a la vieja usanza, técnicos y duchos para los envites, poco proclives a la custodia defensiva. “Míchel era un magnífico extremo y un gran jugador. Si no era el mejor de España, se encontraba entre los mejores”, recuerda Pedro León, que apenas le pudo ver de niño. Un día antes de que el murciano naciese, Míchel se dedicó a lo de casi siempre. Una asistencia suya daba el gol a Hugo Sánchez en el empate cosechado en Valladolid en la temporada 1986-87. Dos elementos que han atravesado la vida de Pedro León: Pucela y asistencia. “Siempre he sido más de dar pases de gol que de marcarlos”, asiente el futbolista de Getafe. De momento, en esta temporada, empata a tres.

Cuando hace ocho meses Míchel salvó al Getafe del descenso a Segunda, su presidente se lo agradeció con una renovación. Pero Míchel reclamó una cosa más: a un futbolista que jugaba en la misma posición en la que él lo había hecho, con la idéntica elegancia con la que él había paseado por los campos y con el exacto refinado golpeo de balón con el que él había enamorado a muchos y hecho rabiar a unos pocos. Pidió la incorporación de Pedro León, que entonces vestía de pucelano. “Se empeñó en que viniera, a pesar de cómo se puso el Valladolid con mi fichaje”, recuerda el hoy futbolista azulón. Cuando se le cita el paralelismo al jugador murciano, éste se ruboriza, ríe y mira hacia otro lado, recogiéndose como un niño al que le dicen que es muy guapo. “Es un halago muy grande que te comparen con Míchel. Pero a día de hoy yo no he hecho nada”.

Puedes leer el reportaje completo en www.mediapunta.es.

29 enero 2010

La Viagra yemení

En Yemen se está disparando el consumo de Viagra. ¿Tendrá que ver algo este anuncio?

28 enero 2010

Goodbye Lenin

El capitalismo no entiende de rivales ni enemigos. Ni siquiera de cierta poética del pasado. Su última víctima es Lenin, el más exitoso líder revolucionario del siglo XX. Él fue el primero en convertir la utopía en realidad. Triste, bien es cierto. Pero realidad al fin y al cabo. Al menos, su faraónica obra soviética, retorcida hasta la tortura por sus sucesores, ha servido para que del guindo comunista se cayeran muchos que hoy reniegan de ese árbol. Bienaventurados sean ellos.

A lo que iba, que empiezo a hablar de arboledas y me pierdo por sus ramas. Al parecer, la localidad de Voronezh, a 500 km al suroeste de Moscú (abajo a la izquierda, para los que tengan mucho que pensar), han decidido subastar la estatua que conmemora a Lenin y que preside una de sus plazas. ¡Lenin con una etiqueta de precio en su bolsillo! ¡A dónde hemos llegado ya! El hombre que más combatió el capitalismo hoy se vende al mejor postor. Si Lenin levantara la cabeza... Bueno, mejor no. No vaya a ser que la liemos otra vez.

La culpa de tan parabólica venta la tiene la empresa que se encargaba de su conservación. La crisis la ha dejado casi tan pobre como el comunismo a sus trabajadores. Si es que cuando Lenin combatió el capitalismo, algo ya se olía. Sabía, no me digan cómo ni por qué, que las crisis del dinero le iban a dejar el bronce de su abrigo descuidado. Ya lo ven. Razón tenía el hombre.

No os perdáis la fantástica crónica sobre este asunto de Daniel Utrilla, el corresponsal de El Mundo en Moscú.