23 noviembre 2009

"Regatea en el área. Penalti o gol"

Ante la baja de Ibrahimovic, Guardiola ha encontrado la solución en un recurso que ya utilizaba Cruyff. Como hacía Johan con Laudrup, Pep sitúa a Messi como delantero centro. ¿Por qué colocar a esos futbolistas de creación en la boca del gol?

En contra de lo estipulado en los grandes manuales del balón, el gol no lo es todo para el delantero centro. Al menos para la filosofía que hoy teoriza Cruyff sobre el papel y Guardiola en el verde. “Al delantero centro yo le pido más cosas”, afirma el de Santpedor. Toque, apoyo, presión, protección y salida de balón… El gol sólo es un condimento más de un potaje bien surtido.

Josep Guardiola adora a los delanteros grandullones. Como Cruyff. Hace un verano el Barcelona intentó fichar a Emmanuel Adebayor, de 1,90 metros. Y en éste consiguió hacerse con Zlatan Ibrahimovic, de 1,95. “Patrick Kluivert (1,88) fue el delantero que más llenaba a Guardiola. Era como Sabonis: un pívot que jugaba de base. A Kluivert le daba un pase raso de cuarenta metros y la dormía”, recuerda Juanma Lillo, íntimo amigo del entrenador culé. Cruyff, en sus días, tenía su propio coloso: Julio Salinas (1,88).

Sin embargo, en el librillo de cabecera de su dogma, el entrenador del Dream Team dejó un apéndice importante: el falso delantero centro. Bakero y Laudrup se convirtieron en sus improvisados y simulados panzers. “A Laudrup, con la pelota controlada, es dificilísimo quitársela. La única manera de robarle el balón es haciéndole falta. Si sabemos que las faltas en el área son penalti, no le demos más vueltas”, señala Cruyff en una conversación con Valdano recogida por el diario El Mundo. Guardiola ha escogido a su propio Laudrup, a un nueve ilusorio que descompone los cuadriculados esquemas de los centrales más torpones: Lionel Messi. La primera vez que el actual míster azulgrana tiró del anexo de la constitución cruyffiana ocurrió en Lisboa hace un año, el 25 de noviembre de 2008. El argentino se mudó al centro. Messi, entonces, marcó un gol y dio una asistencia.

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17 noviembre 2009

La sombra de D10S

Desde que Maradona se retirara de la selección, Argentina le busca un digno sucesor. Desde Ortega a Messi, pasando por Aimar, Saviola y Riquelme, a todos les ha pesado demasiado la estela del dios del fútbol.

El fútbol nunca ha fraternizado demasiado bien con la ciencia. Prefiere moverse más a través del terreno de lo místico. En un intento de hermanar ambos mundos, ciencia y religión, Albert Einstein afirmó que la luz no era otra cosa que “la sombra de Dios”. Ni siquiera el balón asume ese axioma. La sombra del que muchos consideran Dios del fútbol, Maradona, no irradia luminiscencia, sino más bien un oscuro y lóbrego crepúsculo al que cada cierto tiempo el mismo Diego Armando abona más oscuridad.

El 25 de junio de 1994 Maradona dijo adiós a la selección argentina. Ese día tuvo que someterse a un control antidoping que dio positivo y terminó con la carrera internacional “del más grande”, como le citan en su país. Desde el día siguiente, el país albiceleste se sumió en la tarea de encontrarle un digno heredero. Quince años, cuatro meses y 18 días después siguen en esa coyuntura. Aún no han encontrado al legatario de Dios. “En Argentina siempre ha pasado eso. Los países quieren gente que sea referente. Después de Kempes llegó Maradona. Y ahora se le está buscando un sucesor a él: Gallardo, Ortega, Pablo Aimar, Riquelme… Y ahora Lionel Messi”, explica Gustavo López, ex futbolista internacional argentino. “Yo creo que eso ocurre en todos los países, no sólo en Argentina. En todos lados quisieran tener un proyecto de semejante jugador”, ahonda Germán el Mono Burgos, ex portero de la selección y del Atlético de Madrid.

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03 noviembre 2009

Woody Sánchez Flores

Al nuevo entrenador del Atlético de Madrid le gustan las películas de Woody Allen. Hoy Quique Sánchez Flores se ha convertido en el director de un guión delirante, el de la actual temporada rojiblanca, que bien podría haber escrito el esquizofrénico director neoyorquino. (Ojo, las gafas son un montaje).

Hace casi dos siglos Michael Faraday enunció la teoría que lleva su nombre: “Los polos opuestos se atraen, mientras los iguales se repelen”. Lo hizo atendiendo a la física, sin saber que entre las personas también es válida su hipótesis. Quique Sánchez Flores y Woody Allen son un buen ejemplo de esa formulación.

A Quique le gusta Woody. Al menos sus películas. Aún se desconoce si a Allen le gusta Flores. O le cautiva el fútbol que destila. Son dos personajes antagónicos. Woody es hipocondríaco. Quique, metódico. Allen pasea sus neurosis por el mundo. Y Sánchez Flores prefiere reposar bajo el análisis. Pero al nuevo entrenador atlético le fascinan los films del director, como si en ellos encontrara el desvarío y la esquizofrenia que rechaza desde el banquillo. Quizá por esa atracción fatal ha aceptado dirigir la nueva película del Atlético de Madrid, cuyo guión actual bien podría haberlo escrito el delirante Allen. “Sería incapaz de decir no a una propuesta como ésta. Apetece entrenar al Atlético”, confiesa el nuevo míster rojiblanco. “Es muy buena elección”, pronostica Gica Craioveanu, discípulo de Quique en el Getafe.

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27 octubre 2009

"Guardiola es un grande"

¿Cómo motivar a un equipo que lo ha ganado todo? Es el reto de Guardiola. Arrigo Sacchi, el último entrenador que ha ganado dos Copas de Europa consecutivas, le desvela las claves.

Guardiola tiene dotes de psicólogo deportivo. O al menos parece manejar los manuales profesionales que éstos utilizan. Hace catorce meses entró por primera vez al vestuario culé como entrenador del Barcelona. Allí le esperaba una plantilla vacía de poder y autoestima por dos años de sequía. “Cuando llegamos hicimos ver a los jugadores que, a pesar de haber tenido dos temporadas malas, ellos seguían siendo buenos”, desvelaba el ayudante de Guardiola, Tito Vilanova, en una entrevista a MEDIAPUNTA antes de la consecución de los tres títulos. “Se trataba de volver a ilusionar a unos futbolistas que habían hecho un fútbol excelente con Frank Rijkaard; de hacerles ver que ellos podían volver a ganar. Éste era el mensaje: Sois buenos, sois capaces de seguir ganando. Vamos a intentarlo”, continuaba Vilanova. Los futbolistas dijeron amén a sus palabras.

Un año después del bautizo, Guardiola y Vilanova entraron en ese mismo vestuario con una tarea bien diferente de aquella primigenia recepción: ¿Cómo motivar a un equipo que lo ha ganado todo? “Eso depende de tres factores importantísimos: de la profesionalidad y madurez de los futbolistas; de la seriedad del club; y de la capacidad del técnico”, afirma Arrigo Sacchi, buen conocedor de un equipo ganador, su Milan de las dos Copas de Europa, dos Intercontinentales, una Liga y una Supercopa italiana y dos Supercopas europeas.

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26 octubre 2009

Me pido a Xabvi

Más allá de Cristiano y Messi, esta edición de la Champions se decidirá en los pies y, sobre todo, en la mente de los dos Javieres de España: Xavi Hernández y Xabi Alonso. Ellos son los ideólogos y ejecutores de los máximos aspirantes al título continental. Por esa razón sus entrenadores les han escogido como sus otros yo. Xavi y Xabi son los alter ego de Guardiola y Pellegrini.

En una guerra militar los generales mandan a sus tropas desde los campamentos base. Allá en la distancia, alejados de las bombas y los disparos del campo de batalla, apenas pueden hacer nada. Sólo trazar tácticas y estrategias. Nunca actuar como el soldado que se bate. Por esa razón necesitan unos ojos de confianza. Necesitan a su capitán, a su “otro yo” entre las balas de la guerra.

En el fútbol, que tiene algo de lucha espartana, ocurre algo parecido. El general del fútbol, el que marca la estrategia para batir al enemigo, se recluye en la distancia del banquillo, retirado de los proyectiles balompédicos. Por eso, al igual que los generales militares, los entrenadores buscan sus propios capitanes, unas piernas de confianza sobre el tapete verde que ejecuten sus órdenes al mílimetro. Hace veinte años Johan Cruyff encontró a Guardiola. Este, a Xavi Hernández. Y hoy Pellegrini busca a Xabi Alonso como su reencarnación en el campo.

Xavi Hernández y Xabi Alonso son los “alter ego” de Pep y El Ingeniero. Al culé, Guardiola se lo dijo hace ya ocho años: “Es fundamental que el Barça no te deje escapar. En los próximos diez años, da igual el entrenador o el modelo, tú serás clave”, le anticipó. Así ha ocurrido hasta hoy, máxime cuando el dueño de aquellas palabras es su actual entrenador. “Va a marcar una época, será el cerebro del Barça”, apuntaló.

La historia de Alonso difiere de la de Hernández, pero el vasco va camino de convertirse en los ojos de Pellegrini sobre el campo. “Es fundamental que fichemos a Xabi Alonso”, llegó a decir el chileno. En Villarreal sus piernas ejecutoras eran las de Marcos Senna, futbolista de similares características a las del guipuzcoano: mediocentro tanto organizador como defensivo, con gran técnica y buen toque de balón, así como en el desplazamiento y el disparo. Xabi Alonso es, para Pellegrini, su Marcos Senna en el Real Madrid.

Los equipos grandes siempre se han construido a partir del mediocentro. Quizá por eso los técnicos buscan sus “otros yo” en ellos, sabedores de que mueven los hilos que mecen la marioneta del equipo. “Es imprescindible para cualquiera que quiera jugar bien al fútbol”, subraya Miguel Pardeza. En España, esa máxima se lleva al extremo. Y Xavi Hernández y Xabi Alonso son el mejor exponente de esta corriente mediocentrista que se ha impuesto.

Xavi y Xabi marcan el termómetro de los dos grandes aspirantes a la Champions League. Ellos ponen las pausa o la velocidad, la pachorra o la viveza. Saben cuándo toca una y cuándo la siguiente. El resto de futbolistas pendula alrededor de ellos dos, como si de un par de vendedores de globos se tratase. Ahora suelto uno, ahora acerco éste. Ahora te doy uno a ti. Ahora él. El ritmo del himno de la Champions no depende de Cristiano o Messi. El compás lo puntean ellos. Y como buenos directores, dejan que la gloria se la lleve la orquesta.

Jorge Valdano y Miguel Pardeza aterrizaron en Chamartín con esa idea: encontrar a su propio Hernández. “Necesitamos un Xavi. Y Xabi Alonso es el que más se le parece”, reconocía el director deportivo del Real Madrid antes del fichaje del tolosarra. “Somos diferentes”, le replican Hernández y Alonso. “Él da más equilibrio en el campo, juega más al primer pase, tiene muy buen desplazamiento de juego, no pierde pelotas en su posición y es más defensivo. Yo juego más adelante, puedo hacer el último pase… Soy más de jugar entre líneas. Él es más tipo Touré o Busi”, explica Xavi Hernández en El Mundo Deportivo.

DEL BOSQUE SE PIDE A LOS DOS
El fútbol español baila alrededor de un mismo nombre. Los dos mejores equipos de España tiene a su Javier particular: uno en catalán, Xavi; otro en vasco, Xabi. Sólo la Selección puede presumir de elegir a los dos. Aunque las diferencias que ambos apuntaban les han traído problemas con la Roja. En la etapa de Luis Aragonés hasta se discutió sobre su coexistencia en el equipo. “Puede haber opiniones para todos los gustos, pero ha habido muchos partidos que he jugado junto a Xavi y el equipo ha funcionado bien. Hemos hecho muchos partidos buenos juntos”, piensa el madridista Xabi Alonso.

Algunos seleccionadores, a tenor de los números, opinan lo contrario. Desde que Xabi Alonso debutara con la Roja, la Selección ha jugado 87 partidos. En 43 ambos futbolistas han coincidido sobre el campo (36 victorias, 4 empates y 3 derrotas), aunque sólo en ocho encuentros jugaron los 90 minutos juntos (4 victorias, 2 empates, 2 derrotas).

Xabi Alonso debutó más tarde (2003) que Xavi (2000) en la Roja. Al principio Iñaki Sáez confiaba en Alonso como titular, pero no en Hernández. Luis Aragonés volteó la situación: Xavi, indiscutible; Xabi, suplente. Del Bosque ha alcanzado la armonía. En los cuatro años de Aragonés en el banquillo de la Selección, Alonso y Hernández jugaron 981 minutos juntos. En apenas un año en el banquillo, Del Bosque les ha hecho jugar casi el mismo tiempo: 927. De 18 partidos que lleva el nuevo seleccionador, les ha hecho coincidir en quince. Lejos de los tres de Sáez (en quince partidos como seleccionador desde que debutara Alonso) y de los 25 de Aragonés (en 54 encuentros con El Sabio en el banquillo nacional).

22 octubre 2009

La sequía lateral

El fútbol va por épocas. Y ahora toca la de la escasez de laterales. Frente a este secarral, los entrenadores han optado por buscar una solución de urgencia: la conversión de los centrales.

En épocas de grandes crisis, la reconversión es una de las soluciones recurrentes. Da igual el ámbito donde uno se mueva. En la economía, por ejemplo, las fábricas de automóviles comienzan a apuntar hacia el coche eléctrico y los bancos han dejado de fijarse en el ladrillo para mirarse su propio ombligo. En el fútbol ocurre algo parecido. Ante la sequía de grandes laterales, los entrenadores apuestan por la mutación de sus centrales.

“Hay muy pocos laterales en España”, reconoce Carlos Aguilera, ex futbolista del Atlético de Madrid, Tenerife y de la selección española. “Si vas al mercado, o no hay laterales o te vas a los muy caros, tipo Alves o Maicon”, continúa. “El Sevilla vendió a Alves y no ha encontrado un sustituto que haya rendido. Manuel Pablo sigue jugando en el Dépor, pero ya no es el Manuel Pablo de sus buenos tiempos. El problema es que no salen laterales”. No se trata de un mal nacional, sino de un virus que traspasa las fronteras. Ante esa disyuntiva, el fútbol ha ideado su propia medicina: “Reconvertir centrales en laterales”, apunta Aguilera. Uno de los precursores de esta metamorfosis fue su compañero Juanma López, que acabó sus días como futbolista apostado junto a la cal.

En el Atlético de Madrid conocen bien esta enfermedad. La temporada pasada, el lúgubre Seitaridis dejó un vacío al que se postulaban un trío de opciones: Perea, Ujfalusi o Heitinga, tres centrales. Se impuso este último, pero los tres acabaron jugando en el costado como solución de urgencia. La polémica marcha del holandés este verano ha dejado casi el mismo panorama, con Valera, transferible hace quince días, como la alternativa más natural pero menos sugerente para Abel. “Entiendo que hayan intentado recuperar el dinero que costó Heitinga. Hace un año el Atlético pagó diez millones por un central que ha terminado reconvirtiéndose en lateral”, intenta justificar Aguilera el traspaso del tulipán. “Pero cuando uno se va, se quiere ver a otro. Eso es lo que ha faltado en este caso”.

Los colchoneros han sido el equipo que más veces han metamorfoseado a sus centrales. Hasta cuatro se han desplazado a la banda en la última temporada: Domínguez, Perea, Heitinga y Ujfalusi. El checo ha vuelto a postularse: “Yo también puedo jugar ahí. En mis tres años en Italia jugué de lateral derecho casi siempre. Estoy preparado”. Pero ha sido el colombiano Perea, que siempre se ha definido como central, con el que más está contando Abel para defender el puesto.

El Zaragoza, casi como el Atleti
No sólo en la vera del Manzanares ocurre esta alteración del estado natural de los centrales. La corriente se extiende por muchos estadios nacionales. El entrenador del Zaragoza, Marcelino García Toral, se encuentra en una situación similar a la de Abel Resino. Con Diogo lesionado de gravedad, su flanco diestro aparece vacío. Sin solución en el mercado, ha optado por un joven central del filial reconvertido al lateral, Laguardia, hoy con la selección sub-20. “Se ha ido olvidando esa posición. Ahora todos los futbolistas quieren jugar arriba y a los pequeños no les gusta el lateral. Ésa puede ser una de las razones de que no salgan más”, intenta razonar Carlos Aguilera.

El mercadeo veraniego ha ofrecido buenos argumentos que confirman la sequía. El Arsenal rechazó una oferta del Atlético de Madrid de diez millones por Eboué. El Rennes pedía doce por el francés Fanni. El Shaktar Donetsk aún más por Srna. Y el Valencia ha puesto una cláusula de treinta millones a su nuevo defensor, Bruno. La escasez pone el precio por encima de las nubes. Son algunos ejemplos de cómo se cotiza una posición sin gran repercusión histórica. “Un lateral derecho es un retal dentro de lo que es funcionamiento de un equipo. Éstos se arman con buenos delanteros y centrocampistas”, concluye Aguilera.

Ramos, Arbeloa, Drago... incluso Piqué
Nunca antes la posición de lateral derecho había causado tanto revuelo en los equipos. Sergio Ramos llegó al Real Madrid como central y ha acabado postrado en la banda. Arbeloa ha seguido el mismo camino. En el Castilla y en el Deportivo jugaba en el eje de la defensa, hasta que Benítez le movió. A Sergio Sánchez (Sevilla), Dragutinovic (Sevilla), Oleguer (ex del Barcelona), Alexis (Valencia), Marcano (Villarreal), Ustaritz (Athletic Club), Rafa (Getafe) e incluso a Piqué en su etapa en el Zaragoza les han empujado en varios momentos de su vida desde su posición natural, central, a la cal de la defensa. Algunos ya no han vuelto a defender el área, sino sólo su borde fronterizo, como el sevillista Sergio Sánchez. Se trata de la nueva tipología de lateral. En los años 80 “se llevaba el aguerrido y muy defensivo. Después el lateral se convirtió en un jugador que tenía que subir, llegar a la línea de fondo y centrar bien. Geli y yo éramos de ese corte. Ahora los cuatro de atrás son mucho más defensivos”, explica Aguilera.

El lateral afronta su propia crisis. Mientras los gurús de los números buscan la salida a la económica, los entrenadores de fútbol buscan la escapatoria a la suya. Como en toda depresión, la solución no es sencilla. Las reconversiones casi siempre han sido traumáticas. Al menos, en la economía. ¿Lo serán también en el fútbol?

21 octubre 2009

El efecto Demi Moore


Atlético de Madrid, Valencia y Mallorca, ante la crisis, han encontrado la manera de reforzar sus equipos en la vuelta de los futbolistas cedidos. Hace un año esos jugadores no valían. Hoy se han vuelto “importantes”.

En la película Propuesta indecente, Robert Redford ofrece un millón de dólares a un arquitecto por acostarse una noche con su esposa, Demi Moore. La pareja acepta y la mujer, tras un tiempo con el apuesto Redford, regresa a los brazos de su cónyuge. Esta cesión temporal, que en relaciones amorosas podría generar dudas moralistas, en el fútbol ocurre con sumarísima frecuencia. Aunque en el balompié el retorno al lugar de origen pocas veces se produce. Hasta esta temporada, cuando las costumbres han cambiado. Veinticinco futbolistas de Primera división han seguido el camino marcado por Demi Moore. Se fueron para regresar a sus equipos después de una temporada de pasión con otros.

En el film, el marido esperaba con desespero la vuelta de la amada. En la Liga, el Atlético de Madrid, el Valencia y el Mallorca interpretan ese mismo papel. Los tres han basado casi todas las ilusiones de sus hinchadas en el retorno de los cedidos. Los rojiblancos han repatriado cuatro futbolistas (Jurado, Cléber, Reyes y Valera) y fichado a sólo dos (Asenjo y Juanito). Al Valencia han vuelto seis jugadores (Banega, David Navarro, Zigic, Jordi Alba, Miku y Nacho González) y llegado cuatro fichajes (Bruno, Dealbert, Mathieu y Moyá). Y en el Mallorca la proporción se invierte: tres repescados (Tuni, Víctor Casadesús y Óscar Díaz) frente a seis fichajes (Pezzolano, Borja Valero, Julio Álvarez, Bruno China, Mattioni y Rubén).

En la capital madrileña, en el Turia y en la isla balear, esta alteración de las tradiciones es una consecuencia de la crisis económica más que del convencimiento personal de los planificadores de plantillas. De los trece futbolistas repescados por Atlético, Valencia y Mallorca, ocho tenían el cartel de transferibles en verano. “Me vi fuera del club. El entrenador no contaba conmigo y era lógico que pudiera llegar a pensar en buscar otro destino”, relata uno de los futbolistas de los que prendía la proclama de vendible, el valencianista Banega. En julio Unai Emery le había indicado que no se había “ganado estar en el Valencia”. Dos meses después es un habitual de su onces estrella, ayudado por la baja temporal de Baraja y un excepcional comienzo de temporada. “Tengo la posibilidad de reemplazar al Pipo, un referente para mí. Trato de aprovechar la oportunidad, pero tanto él como Albelda son una institución y yo recién estoy empezando. La Liga acaba de empezar y no sólo vale rendir un encuentro. Mi intención es que el Valencia pueda estar orgulloso de la inversión que hizo en mí”.

Jurado y Cléber Santana son los “Banega” del Atlético de Madrid. Ambos han jugado seis partidos como titulares en esta Liga que acumula siete en el zurrón. Su historia se escribe con la misma pluma. No triunfaron en su primera etapa rojiblanca. Les cedieron al Mallorca y regresaron este verano al Manzanares con un billete de ida y vuelta. De momento sólo han usado el primero. Mutaron de apartados a “jugadores importantes”, como les ha calificado el director deportivo rojiblanco, Jesús García Pitarch, ante la falta de posibles monetarios.Esa ha sido la razón del cambio de guión en estos equipos. Sin dinero, los clubes han encontrado su particular mirlo blanco en futbolistas que hace un año no valían. Este tipo de incongruencias, tan habituales en el fútbol como en la política, suelen arreglarse con engaños de palabras: “Tenemos mejor plantilla que el año pasado”, coinciden García Pitarch y Fernando Gómez Colomer, vicepresidente deportivo del Valencia. “Las cesiones se hacen para que los implicados puedan jugar más en otros equipos y eso se ha producido”, sigue explicando el dirigente ché.

¿Cómo es posible que un futbolista que no valía hace doce meses se convierta en pieza fundamental del entramado de un equipo? “Yo soy más constante, más responsable, más profesional. Sé que cometí errores en el pasado, quizá propios de la edad, pero injustificables”, contesta Banega. “Yo he cambiado en la experiencia que he adquirido. En Mallorca me sentí importante. Me salió un buen año”, añade Jurado. Tuni, extremo izquierdo del conjunto bermellón, insiste: “La estancia en Segunda división (Hércules) te hace coger mucha experiencia”. “Le ha hecho volver con ganas de hacerse un hueco y competir”, le justifica su entrenador, Gregorio Manzano.

Sin embargo no siempre estas repatriaciones tienen éxito. De los 25 futbolistas que han regresado a sus clubes de origen tras una cesión, cinco se han quedado sin dorsal (Pablo de Barros y Luccin en el Zaragoza, Asier en el Valladolid, Bolado en el Racing y Medina en Osasuna) y seis aún no han disputado un minuto liguero (Zubiaurre en el Athletic, Óscar Díaz en el Mallorca, Esparza en Osasuna, De Mul en el Sevilla, Escudero en el Villarreal y Nacho González en el Valencia). No todos los maridos acogen bien la vuelta de sus Demi Moore.

Cesiones prohibidas
Las cesiones de jugadores en el fútbol son casi tan viejas como el balón. Aunque hasta hace apenas veinte años ni siquiera eran legales. Entonces, para regatear el veto, los clubes daban la baja definitiva a los futbolistas para que el equipo de destino le contratara por sólo un año, con la esperanza de que el viento no se llevara las palabras acordadas. A la siguiente temporada el jugador regresaba a su origen. Se trataba de un pacto de caballeros, como el que hoy utilizan los presidentes para acordar las cláusulas por las que un cedido no puede jugar contra su ex equipo. La temporada pasada el Mallorca tuvo que pagar 100.000 euros para que Jurado pudiera enfrentarse al Atlético de Madrid. Ha sido una de las pocas veces que un club se ha rascado el bolsillo por esta situación. “No entiendo este tipo de claúsulas”, dijo el afectado en su día, Jurado, que vio cómo su compañero Cléber podía disputar gratis el encuentro contra los colchoneros.

Desde aquella prohibición anulada a mediados de los 80, las cesiones no han parado de evolucionar hasta llegar a la última modalidad: las “cesiones a lo Beckham”. Préstamos temporales que no abarcan ni siquiera una temporada completa. El presidente de la UEFA, Michel Platini, ya busca la fórmula de anularlas. “¿Por qué, en ese caso, no se podría fichar a uno o varios jugadores para un solo partido, para una final? Tenemos que examinarlo”, aventura el francés.

18 abril 2009

Da igual la crisis, hay SALUZ

Cartel visto en los urinarios de una apacible cafetería. Así uno sí mea a gusto.

17 abril 2009

La solidaridad del metro

Un ecuatoriano perfuma la línea cinco del metro con sus melodías populares. Siempre es el mismo e, invariable en sus horas, ameniza las plomizas mañanas semanales. No toca mal, aunque regala una única canción, tan repetitiva como agradecida. El chico, que apenas suma la treintena, tiene un halo inocente en su rostro y se mueve con torpeza cuando pide entrada voluntaria a su concierto.

Hoy me lo he encontrado por la noche, a la diez y media. Tocaba el mismo flautín, con su tupido pelo negro que cabalga hasta la espalda y esa sintonía incesante que repite con la insistencia de un obrero en una cadena de trabajo. Más allá de la música y el traqueteo del tren se despertó una voz ronca y grave. “Vete con esa puta mierda de música a otro lado. Me estás molestando con esa bazofia. Respeta un poco”. El grito no levantó la cabeza de apenas nadie. Ni siquiera del solista. Procedía de un hombre que sumaba tantos centímetros en su cuerpo como falta de educación en sus palabras. Vestía perilla y gafas de pasta, con cierta pose intelectual. Su gorra cochambrosa y los zapatos de plataforma le alejaban del prototipo del filósofo.

El resto del vagón no alzó ni siquiera la mirada. El hombre con un bordillo en sus pies continuaba criticando al ecuatoriano que, insistente, no dejó de silbar su canción. Una chica que apenas llegaba al mentón del hombre fue la única que increpó al señor. “Usted sí que me está molestando con esos gritos. Respete usted”, le espetó. El resto del vagón había dejado la solidaridad en casa. Algunos rebuscaban en el interior de sus calcetines, pero jamás la llegaron a encontrar. El perillas giró su discurso contra la chica. Nadie se movió siquiera para alzar los ojos.

Hace unos años un chico español apaleó a una niña suramericana. Las cámaras del metro barcelonés lo grabaron todo. También la indolencia del resto de viajeros que, como hoy, taponaron sus oídos al dolor. Hoy el metro de Madrid me recordó aquella escena. Los golpes no llegaron. Pero, ¿hace falta alcanzar ese punto para actuar? ¿Cuándo uno debe saltar para frenar una injusticia? ¿Lo haría alguien si el licenciado de la mala educación hubiera sacado el doctorado en la lucha? La solidaridad tiene pocas palabras en el metro.

06 abril 2009

Los goles de la jornada 29

Treinta y dos tantos se han marcado este fin de semana. Los estadios que más vieron fueron el Ruiz de Lopera y el Vicente Calderón, aunque no disfrutaron de ellos ya que sus equipos regalaron puntos al contrario. ¿Qué gol ha sido el más espectacular? ¿El de Higuaín o el de Masoud? Pincha aquí y elige.

04 abril 2009

El Chayanne de Fuengirola

De su época en el Málaga B le viene este apodo a Antonio Tapia. Se lo pusieron cuando le vieron llegar a los entrenamientos con un micrófono inalámbrico. Siete años después sigue utilizándolo, ahora con el primer equipo malacitano, al que tiene a cinco puntos de la Champions League.

La invención de un apodo supone una especie de segundo bautizo secular, sin religiones de por medio. En el fútbol son más viejos que el balón. En Argentina, más habituales que el mate a media tarde. En España se utilizan con más privacidad, como códigos internos cargados de malicia. A Antonio Tapia le pusieron el de Chayanne.

La simplicidad y suavidad de los ademanes y la voz de Tapia en nada se asemejan a los extravagantes bailes y azorados ritmos del artista puertorriqueño. En esa delirante contradicción suele encontrarse el rincón del mote. Sólo hace falta una pequeña similitud entre dos sujetos opuestos para que las mentes liberen su maldad. Los futbolistas del Málaga B la soltaron en 2002 cuando vieron a su entrenador dirigir los entrenamientos con el mismo tipo de micrófono que Chayanne utiliza en sus conciertos. Entre ellos se encontraba Juan Rodríguez, hoy jugador del Deportivo de La Coruña. “Al principio hace gracia porque es la novedad”, ironiza. Tapia no grita. Los altavoces lo hacen por él. Tiene que cuidar sus delicadas cuerdas vocales. “Fue raro porque no es habitual. De repente el míster te dice algo desde la otra punta del campo y lo escuchas… Pero a los dos o tres días terminas acostumbrándote”, explica el deportivista. Sergio Scariolo, entrenador entonces del Unicaja de baloncesto y hoy seleccionador nacional, le copió la idea.

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31 marzo 2009

Cayo y el dinero de la Iglesia

El flamante nuevo coordinador de Izquierda desUnida, el señor Cayo Lara, ha criticado la campaña que la Conferencia Episcopal ha lanzado contra el aborto porque se paga "con el dinero de todos".

Quizá no le dejaron acabar la frase. Vaya por Dios. No, no, no, no. Perdóneme usted. Que Dios no aparezca por acá que a Cayo se le irrita la garganta. Tras los resultados de las últimas elecciones generales, Izquierda desUnida tiene menos espacio mediático que un crucifijo en la sede del Partido Comunista. La eterna injusticia con la izquierda. Ya lo dijo Llamazares en 2008: "IU tiene obstáculos y barreras para hacer una campaña electoral normal por la sensibilidad freaky que tienen los medios de comunicación a ciertas campañas virtuales". Ésa es la razón: los medios son un freakys. Y ahora, además, apartan el micrófono cuando Lara coge carrerilla.

¿O quizá su frase terminó ahí? No, no, no... Seguro que no. En su cerebro la misiva tenía más palabras. Pero de camino a las cuerdas vocales no encontraron el sendero. Se perdieron por el bosque de enredaderas en el que anda metido Izquierda desUnida. "Los que voluntariamente marcan la casilla por la que dedican a la Iglesia el 0,7% de su declaración de la renta" debieron de ser las palabras que no encontraron el micrófono. ¡Cachis en la mar! Qué mala suerte la de este tipo.

¿Dónde estaba el señor Cayo Lara cuando en 2006 el Gobierno acordó que ya no habría más dotación directa del Estado a la Iglesia? Desde entonces ésta sólo recibe el 0,7% del IRPF de aquellos contribuyentes que así lo marquen. De ahí a a decir que la campaña la financian todos los españoles hay un sendero tan largo como el que tiene Izquierda desUnida para llegar a unirse de verdad.

23 septiembre 2008

Malos rollos en el Alonso Cano

Cualquer comentario de este post es pura broma, como las declaraciones del final. Que nadie se ofenda. Es para pasar un buen rato.

La semana presagiaba desastre. Al final no lo fue tanto. La euforia de la primera jornada derivó en acusaciones entre miembros de la plantilla, quizá en la búsqueda por un mayor protagonismo que el verde no les dio. Las ausencias de determinados futbolistas en los entrenamientos hicieron mella y, cual Eto´o en el Barcelona, algún jugador salió a la palestra de los micrófonos para acusar a algún compañero de ver el partido del Atlético de Madrid cuando debía corretear por el campo del Canal. A esta redacción han llegado testimonios, algunos muy poco fiables, de que la acusación es cierta.

El viernes ocurrió otro tanto de lo mismo. El segundo capitán, José María Alises, alias Golo, no apareció por la ciudad deportiva del Alonso Cano. Los rumores se dispararon. La gente se puso nerviosa y no paró de hablar y maldecir. Algunos decían que aún seguía en Cotorruelo hablando sobre su no gol. Otros, más fiables, anunciaban pequeños dolores de estómago que le impidieron entrenarse. Una ardua tarea de investigación por parte de este humilde blog averiguó que el susodicho energúmeno sí padecía dolencias estomacales. Lo que no anunció es que ese malestar venía provocado por una desbordante ingesta de alcohol acaecida el anterior jueves. Las salidas nocturnas comienzan a coartar la carrera de este futbolista de ilustre pasado y negro futuro. Pasó con el entonces también segundo capitán del Barcelona, Ronaldinho, más dado al empine del codo que a las patadas en el verde. Conclusión: los segundos capitanes son una vergüenza para los clubes. El entrenador debería tomar medidas drásticas. Quizá al estilo Pep Guardiola, llamando a las doce de la noche a todas las casas de sus futbolistas para certificar que allí se encuentran. El alcohol ahoga las esperanzas de ascenso del Alonso Cano.

El partido del domingo tuvo mucha historia. Salió el Alonso adormecido, y nunca llegó a desperezarse del todo. El Covarrubias tiró cuatro veces a los palos, mientras que a los de rojo les valió una ejecución perfecta de libre directo por parte de Bruno, que de esa forma conseguía igualar el registro goleador del pichichi Miguel. En la segunda parte el Alonso Cano salió más agresivo, pero el fútbol de quilates se quedó en el vestuario. Mucha garra, fuerza y lucha, pero poco más.

Cuando el 1-0 caminaba por el partido con destino al minuto 90, el Covarrubias empató. Juanjo se confió ante uno de los mejores hombres del rival. Dijo que le habían hecho falta, pero nunca debió a llegar a ese momento. El número 12 del Covarrubias, con el que había mantenido un duelo fraticida durante todo el partido, le ganó la partida. Incluso, regodeándose, celebró el gol llamándole “este perro viejo”… La edad no perdona. Si en la parte atacante, Miguel y Bruno llevan dos goles cada uno, en la parte de atrás Juanjo toma la delantera con dos tantos en su debe.

Los últimos quince minutos resultaron agónicos. Fue un continuo corretear de atrás adelante y las ocasiones se sucedieron en ambas porterías. Los futbolistas se pusieron nerviosos y las protestas rechinaban en los oídos del árbitro. Ricky, muy nervioso como siempre, busca su cota de protagonismo. Como nunca puede hacerlo con el balón en los pies, tira de su verborrea barata para que hablen de él. En una jugada en la que hizo falta clara, Golo le echó la bronca. Riky, soberbio y orgulloso, no se limitó a agachar la cabeza y pedir perdón sino que se enfrentó a voz en grito al todopoderoso y borrachuzo capitán: “Cómo hagas tú una, me voy a cagar en tu p…”. Como no le valió el insulto a un compañero, saltó a por el árbitro. En otra falta clara por parte de él, protestó de la forma más surrealista que jamás ha visto el fútbol, aireando sus partes menos nobles con una especie de abanico manual: “Si es que me viene tocando los cojones…” El “se te veía venir” de la temporada pasada ya tiene réplica este año. Y aún quedan muchos partidos. El Show de Riky comienza con fuerza.

Las mejores frases en la sala de prensa:
Jose, el entrenador: “No hemos jugado bien, hemos luchado pero…” Después empezó a gritar: ¡No hacemos lo que hacemos en los entrenamientos! ¿Por qué?

Riky: Mientras se besaba su bíceps, decía gritando: “Es que me venía tocando los huevos… De verdad”

Juanjo: “No soy un perro viejo. Estoy dolido”

Paco: “El entrenador no confía en mí. Después del trabajo de musculación de este verano esperaba tener más minutos. Me voy a pensar mi futuro. Encima tengo al perro viejo por delante de mí”

Alberto, el carnicero: “Estuve a punto de quedarme sin convocar, pero tuve que usar mis artimañas de veterano. Buffff, ahora estoy molido”.

Dani, sin convocar durante dos semanas: “No puedo decir lo que pienso porque… El entrenador no entiende mi juego y aún no sé por qué ese cambio de actitud conmigo. No lo entiendo. Quizá deba ir a su peluquería a cortarme el pelo, como hace Riky. Seguro que por eso juega él”. Ayer lunes Dani se rasuró cabello, cejas, bigote y otras partes nobles en la peluquería de Jose. Apuesto a que el próximo partido no sólo va convocado, sino que es titular y capitán. Tiempo al tiempo.

Golo: “Es una pena el empate. Pero lo importante ha sido mi gol de la semana pasada desde el mediocampo. Qué precioso. Yo vi que el portero estaba adelantado con el rabillo del ojo, pero nunca me imaginé que tuviera tanta calidad como para meterla dentro. Efectivamente… la tengo”. Seguidamente cogió el coche y se fue a Cotorruelo, donde se rumorea que ha instalado su domicilio fiscal. Se ha hecho una chabolilla justo en lugar desde donde tiró y allí vive en soledad…

15 septiembre 2008

Riky ¡¡¡uuuuyyyyyyyyy!!!

(Esta crónica no es un fiel reflejo de la realidad. Cualquier crítica debe tomarse como una mera broma, por la que nadie debería enfadarse. No me ha salido muy allá porque la he hecho deprisa y corriendo, sin mucho tiempo y con un agobio del mil. Las siguientes serán mejores y más curradas, sobre todo lo del tema de las ruedas de prensa)

Goleada y liderato
Se trataba de un partido trampa. El Inter de Tetuán llegó tarde, mal y sin futbolistas. A duras penas recolectaron a once jugadores. Bien pudieron dejar a uno durmiendo la resaca. Apenas duró veinte minutos en el campo. Con el panorama descubierto, el Alonso Cano debía ganar. Obligado. El año pasado ese tipo de partidos le resultaban descorazonadores. Todo se ve tan fácil que da la sensación de que los goles llegan solos. Pero siempre hay que empujarla. El Alonso Cano prefiere más la épica, las grandes batallas de gladiadores, donde las sucias artes salen a relucir. Ayer también florecieron.

Eduardo comenzó con ganas. Su fuelle se va apagando como el gas de un mechero, poquito a poco, pero la llama inicial siempre es fulgurante: un golazo desde veinte metros de distancia y la provocación de la expulsión de un contrario. Máxima efectividad en el menor tiempo posible. El Tetuán quiso meter miedo, pero en su afrenta dejó el patio trasero de su casa desprovisto de atenciones. Por allí entraban y salían Valdo, Bruno y Ángel con poco acierto. Los pases desde el medio nunca llegaron a ser demasiado buenos. Todo parecía controlado, pero la renta era escasa. Quiso remediarlo José María Alises, alias Golo, con un tiro desde treinta metros que pegó en el larguero. Menos mal que no entró. Hubiera sido un golazo, un alivio para el partido, pero una pesada carga para el resto de los meses. Golo se volvería monotema. Sus conversaciones girarían en torno al gol. Su vida se volvería triste porque sólo hablaría de una cosa: el gol, su gol… ¡desde el mediocampo!

El descanso no relajó los nervios. El entrenador Jose, siempre exigente, abroncó a sus futbolistas. “Hay que tocar más, coño”, fueron sus palabras más repetidas. Se encontraba descontento. Su cara le delataba. “Este es un equipo para meterle cinco o seis”. No se equivocó. Al final cayó la manita.

La segunda parte comenzó perfecta. En la primera jugada llegó el gol de la tranquilidad. Bruno acertó a definir y poner lo que se presumía como el broche final al encuentro. Comenzó el juego bonito, el toque, la triangulación… El balón se movía con frescura e inteligencia. La absoluta relajación llegó de la mano del siempre oportunista Miguel Lartategui, vivaracho del área cuando por ella corretea. La jugada partió de la izquierda. Riky, en una de sus múltiples subidas a lo Roberto Carlos, por fin encontró el balón. Lo vio fácil. Demasiado para él. A apenas tres metros del portero, tiró al muñeco. Cómo no. El rechace lo recogió Miguel, que sólo tuvo que empujarla ante la incredulidad de Ricardo, que aún no acertaba a creer cómo había fallado aquella ocasión. Le hubiera coronado. Le hubiera asentado en el olimpo de los laterales izquierdos. Pero falló. La línea entre el éxito y el fracaso resulta demasiado fina y cruel. Riky siempre se acerca a ella, pero aún no ha acertado a traspasarla. No sería su única ocasión. Tuvo otras dos, con idéntico resultado. Ánimo Ricardo.

Con el tres a cero pintado en el marcador, llegó el carrusel de cambios. Paco, por la derecha; Anxo por la izquierda; Paul en punta de lanza; Miguelito en portería. El primero comenzó bien. Le quedaba un poco apretado el peto debido al fuerte trabajo de musculación que ha hecho en el verano. Pero eso no le impidió subir la banda, que no bajarla, y sacarse dos centros con auténtico veneno. Después instaló su morada en el fuera de juego. Y allí vivió los últimos minutos. El flamante fichaje internacional Paul dejó muestras de grandes detalles de fuerza y entrega, no exentos de calidad. Marcó un gol solventando el mano a mano con el portero que Riki, minutos antes, no supo resolver. El cuatro a cero abandonó en el ambiente un aire tranquilo que resultó letal para el Alonso Cano, que dejó levitar el partido. Lo aprovechó el Tetuán, resucitado por errores del Alonso. Un rechace en un córner y una pérdida absurda en defensa acercó el empate al marcador. Sólo fue un espejismo. Miguel Lartategui, en un alarde de fuerza sobrehumana digna de todo elogio y aplauso, cogió el balón en el minuto 90 en el mediocampo y, tras zafarse de todos los contarios que le salían al paso, resolvió con un toque exquisito de calidad ante la salida del portero. Riki debería fijarse más en sus compañeros para resolver ese tipo de jugadas. Ánimo Ricardo.

En el vestuario todo era alegría, pero el entrenador, siempre exigente e inflexible, abroncó a los suyos. Ante las cámaras y periódicos allí congregados no se cortó en afirmar, a voz en grito, que “esos dos goles nunca nos los pueden marcar. Se los hemos regalado”. La exigencia en esta temporada donde el objetivo del ascenso es prioritario, se nota en el ambiente. A la rueda de prensa también llegó el nuevo capitán, Golo, que aunque no marcó aquel tiro desde el mediocampo, hablaba como si lo hubiera metido: "Bueno, más importante que la victoria ha sido mi tiro. Vi al portero adelantado y sabía que era mi oportunidad. Intenté medir el nivel de viento y la presión atmosférica, pero algún dato ha fallado porque si no hubiera sido gol. Es más, para mí es como si lo hubiera marcado. Ha sido un gol importante en mi carerra. No sé si el mejor, pero sí el más importante..." Cuando en el recinto ya no quedaba nadie, José María Alises, alias Golo, aún no había terminado la rueda de prensa. Alguien que pasó por los aledaños del estadio a las doce de la noche, creyó oir voces desde el interior de la valla que decían: "Gol desde el mediocampo... Gol desde el mediocampo... Gol desde el mediocampo...". No era producto de la borrachera que tenía. Golo seguía en la sala de prensa.

Alonso Cano líder de Tercera regional. El resto de equipos mira desde abajo.

26 mayo 2008

Rosa Montero

Esta noche he soñado con Rosa Montero, escritora y periodista. Más bien ya era por la mañana porque resultó ser mi última ensoñación de la velada. No sé por qué, ni cómo, ni si volverá a mi diario nocturno. El sábado tuve su último libro en mis manos, Instrucciones para salvar el mundo, pero no me atreví a comprarlo. Lo mantuve durante al menos tres minutos en mis manos fijándome sólo en su portada. Nunca he leído un libro de ella, pero no me pierdo una de sus columnas en El País. Tengo miedo que el libro no me guste y el hechizo se desvanezca. Al final, el miedo me pudo y me fui a lo seguro, García Márquez. Cuestión de personalidad. Los riesgos nunca me han ido bien. No creo en las señales pero por si acaso me guardo una cita con la última novela de Rosa…

Hace dos años conocí a la señora Montero. Me fascinó. Era una mezcla de algo, no sé, no acierto a definir. Alternativa, moderna, con el pelo rojo pero sin discursos maniqueos. Prácticay segura, eso me llevé de ella. Le hice una pequeña entrevista futbolera en apenas unos minutos de silencio. Fabuloso porque ella detesta el balón. También los toros, sobre lo que también le pregunté. Siempre me han gustado los de signo contrario a mi parecer.

17 marzo 2008

Tiro al plato... Joaquín Ramos Marcos

Miguel Lartategui - mediapunta
Su bigote le hacía inconfundible. Tras su retirada en 1992, fue uno de los primeros comentaristas arbitrales con el famoso Lo que árbitro no ve de “El Día Después”. Ahora apostilla desde Punto Radio. (Entrevista)

14 marzo 2008

Carta a Reyes

Miguel Lartategui - mediapunta
Tengo que decirle que esta misiva ronda en mi cabeza desde hace unos cuantos meses. Esperaba, como aún lo hacen los que predijeron el fin del mundo en el año 2000, a que su dicha cambiara. O, al menos, a que su actitud aparcara la apatía. Acaso hubo un conato de remiendo en el partido de vuelta de la Copa de la UEFA ante el Bolton. Pero, triste es la vida, se quedó en apenas un amago.

Recibí la noticia de su fichaje en Croacia, lejos del revuelo que se montó por esta acera. Desde la lejanía reconozco que, sin tirar cohetes de alegría, guardaba cierto escepticismo sobre su persona, lo que resulta el mayor halago que se le ha podido hacer desde que se enfundó la camiseta rojiblanca a tenor de su pobreza futbolística. A los números me remito: ha jugado 1.045 minutos, diez partidos como titular sin terminar ninguno de ellos, ningún gol en su haber, seis tarjetas amarillas y dos expulsiones. Eso sí, hay que agradecerle que no haya metido ninguno en propia puerta.

Más allá de los números, que al final son los que cantan, se encuentra su pasión atlética. No existe. Ni por asomo. O si la tiene, no la demuestra sobre el verde. La dejación con la que sale a calentar le delata. La dejadez con la que salta al campo es su única respuesta. Despierta indolencia y la grada, que de tonta no tiene un pelo, lo ha visto desde el primer silbido que le lanzó.

Ojalá hoy usted me haga tragar estas letras con una actuación soberbia y magistral, de las que acostumbraba en el Sevilla como delantero y en su primer mes en el Arsenal. Por entonces se le veía con garra y fragor, en las antípodas de este Reyes desganado y angosto. Ojalá, le repito, mañana lunes me tenga que desayunar esta página a palo seco, sin leche ni zumos de por medio, para que escueza más aún. En el fondo lo deseo por el bien del Atlético de Madrid. Pero me da a mí que si no cambia mucho el percal, me levantaré con el Colacao y los cereales rutinarios. Por si acaso, me guardo un ejemplar de mediapunta.

El orgullo del pequeño Napo

Miguel Lartategui - mediapunta Europa
Foto: Corscri - Daje Tutti! (Flickr)
Desde hace justo cuatro años, Ludovic Giuly tiene su propio espacio en la leyenda negra del Real Madrid. Se la ganó a pulso con dos goles que apearon a los blancos de asaltar de nuevo la Champions League. Ocurrió en Mónaco, donde aún hoy los pocos futboleros monegascos siguen idolatrando a aquel diminuto futbolista que les llevó a la final de la Copa de Europa. Al Principado de la ornamentación y la ostentación llegó el Real Madrid con una renta de 4-2 cosechada en el Santiago Bernabéu. "Suficiente", predecían los agoreros. Pero no contaban con aquel chiquitín capitán, desconocido hasta entonces para la plebe balompédica europea, que puso la segunda piedra de la debacle galáctica (la primera fue la derrota en la final de la Copa del Rey ante el Zaragoza en Montjuïc) con una volea magistral y un taconazo farfullero, por la suerte con la que lo cazó, que aún relampaguea en las retinas de algunos madridistas. Allí hizo su primera gestión para fichar por el Barça, como una especie de adalid antimadridista que venía muy bien para, el todavía entonces, devaluado amor propio azulgrana.

Ludovic Giuly es "medio corso". Su padre nació en Córcega. De allí también provenía el emperador francés Napoleón Bonaparte. Por esa razón a Giuly se le conoce como el Pequeño Napo, apodo que le puso Eto´o. En las venas de los corsos corre sangre caliente y excitada. Se asemejan más al latino que al francés de formas refinadas. Giuly tiene mucho de eso. Su fuerte temperamento le ha hecho casi desistir de ir con su selección. El enfrentamiento entre él y el seleccionador va más allá del balón. Ludovic descubrió en su biografía que la causa de sus desalientos con Raymond Doménech se debe a un mensaje de móvil que el futbolista envió a la mujer de éste, una presentadora de un programa deportivo en Francia, sin saber que era la concubina de quien era. El orgullo del medio corso, que no le permite pedir perdón, y el rencor del seleccionador, que no le deja dar la absolución, han hecho el resto. Hasta tal punto llega el enfrentamiento que el hoy futbolista de la Roma debió ser el único francés que no vio la final del Mundial entre su país e Italia. Mientras sus compatriotas buscaban la gloria, él volaba de Barcelona a Lyon. Del cabezazo de Zidane a Materazzi se enteró en el coche de su padre.

Esta noche Giuly regresa al Bernabéu en noche de Champions. No lo había hecho en esta competición desde aquella fatídica eliminatoria de 2004. No es el mismo ni juega donde lo hacía. Ni mucho menos corre ya treinta metros en poco más de tres segundos, aunque su velocidad aún se mantiene casi pura. Antes gambeteaba por el medio, con libertad de movimientos para hacer y deshacer lo que quisiera. Para eso era el capitán. En Barcelona le reciclaron a la banda. Allí vive enclaustrado en la Roma, jugando sí pero no, con un cartel de futbolista número 12 que a él no le gusta pero que no le ha quedado otro remedio que aceptar. En este sentido su fuerte carácter ha tenido que claudicar. Lo hizo ante la irrupción de Messi y, con el tiempo, no le ha quedado otra opción que aceptar un rol más secundario, lejos de la idolatría que manejó en el Principado de Mónaco.

Fàbregas es mejor que Cesc

Miguel Lartategui - mediapunta
Cesc vive en una especie de doble personalidad futbolera. En el Arsenal muestra su cara más triunfante, marcando el tempo de un equipo grande. Con la Selección aún no ha dado con la tecla ganadora. Viaja con La Roja entre dudas.
En Inglaterra existe un enorme cuidado con las formas. El protocolo y la tradición impregnan al país de un exquisito refinamiento. Si la confianza no es absoluta, raro es escuchar el nombre de pila de una persona. En el fútbol, ese respeto se imprime en el torso de las camisetas. Francesc Fàbregas lo supo el día que no le dejaron escribir el nombre por el que, hasta los 16 años, el balón le conocía, Cesc. El sobrenombre futbolístico en Gran Bretaña es el apellido. Sólo los brasileños, sin explicación aparente, quedan fuera de esa liturgia, como una forma de agradecimiento a todo el bien que han hecho por el fútbol. Los ingleses lo inventaron. Los cariocas lo pulieron.
Desde 2003, Cesc ya no es sólo Cesc. También es Fàbregas. Una especie de doble nombre con implicaciones más allá de una simple serigrafía. Se trata de una doble personalidad adscrita a unas cuantas letras. Fàbregas juega en el Arsenal de Wenger. Cesc lo hace en la Selección de Aragonés. Fàbregas es muy bueno. Cesc no lo es tanto. Sus números remiten a dos futbolistas antagónicos. Uno se erige en uno de los mejores futbolistas de Europa. El otro suma estadísticas del montón, acumuladas en la chatarrería del olvido. Fàbregas lidera al líder de la Premier League. Alrededor de él gravita el fútbol londinense. Él da velocidad y pisa el freno. Él manda y ordena y quizá, si no fuera porque todavía tiene 21 años, llevaría el brazalete de capitán que hoy luce el defensa Gallas, veterano en edad, pero con sólo año y medio en el Emirates Stadium. El pasado año, la afición de los gunners escogió a Fàbregas como el mejor jugador de la temporada 2006-07, con más del 60% de los votos totales. “El Arsenal se construye alrededor de él. Se siente el más importante del equipo. Es el amo. Y en la Selección eso no ocurre, le buscan un sitio y lo meten donde pueden. Contra Suecia, en el Bernabéu, jugó hasta de falso extremo derecho. Él quiere estar involucrado y desde ahí no se puede”, analiza el periodista inglés Sid Lowe.
Sólo esta temporada, Fàbregas ha jugado 35 partidos con su club y ha marcado 13 goles (seis en la Champions en sólo siete partidos). Es el segundo máximo goleador tras el delantero Adebayor y desde el propio club ya se baraja la posibilidad de que rompa “el récord de partidos con la camiseta del Arsenal”, que ahora ostenta David O´Leary con 722 encuentros. El catalán suma 199 con tan sólo 21 años. Este fin de semana logrará su bicentenario. Le quedan otras siete temporadas de contrato, “el más largo en la historia de la liga inglesa”, indicó hace un año y medio cuando renovó.
Su otra personalidad, el Cesc de la Selección, ha vestido en 23 ocasiones la casaca roja (debutó el 1 de marzo de 2006) y aún no se ha estrenado como goleador. “La forma de jugar de España no es tan conveniente para él como la del Arsenal”, puntualiza Marcelino Elena, ex futbolista del Newcastle y comentarista de la Premier League en TVE. “El fútbol en Inglaterra suele ser más abierto y dinámico. Para los futbolistas que tienen un pase fácil como él se les hace menos difícil encontrarlos”. Los partidos de la Selección se barnizan con una mayor elaboración, menos velocidad y donde los espacios se esconden tras minúsculas e invisibles rendijas. Sólo los más hábiles las descubren. “En los partidos continentales resulta más difícil encontrar el espacio para llegar, desde donde Fàbregas está metiendo los goles con el Arsenal, llegando desde segunda línea”.
Cesc sabe que su rendimiento con la Selección es una nimia sombra con respecto al del Arsenal. Reconoce, entre las bambalinas de las concentraciones con España, que sus mejores partidos como internacional los jugó en el partido de su debut, ante Costa de Marfil, y en la segunda parte que disputó ante Túnez en el Mundial de Alemania. Se podría sumar el buen encuentro que hizo frente a Dinamarca y que dio a España media clasificación para la Eurocopa. En principio, no partía con vitola de titular. Pero las lesiones de Torres y Villa le dieron el pase de entrada. El esquema cambió a un 4-1-4-1 y la cosa funcionó con cierto estilo, más brillante y armonioso que en el pasado. “Aún no soy con España el jugador del Arsenal, pero cada partido que juego mis sensaciones van siendo mejores y llegaré pronto a conseguirlo. Tengo que hacerme un nombre en la Selección”, decía a la agencia Efe por entonces.
Ahora Cesc entra en las quinielas titulares. Pero hasta aquel partido en Dinamarca, el 13 de octubre de 2007, caminaba en un sordo ostracismo. Tras la eliminación en el Mundial, Aragonés le dio confianza, pero las tempraneras debacles ante Irlanda del Norte y Suecia le señalaron, al menos a juicio del seleccionador. En los tres partidos oficiales siguientes al cataclismo (ante Dinamarca en el Santiago Bernabéu, ante Islandia en Mallorca y en Letonia) no rozó el verde siquiera para calentar. Dinamarca, y la maldita suerte de las lesiones de los otros, le postró de nuevo en el escaparate principal. Sin embargo, sus últimas actuaciones con La Roja han dejado un largo reguero de dudas. “Cesc […] de nuevo se vulgarizó con la Selección. Su rendimiento con España resulta vampiresco. Por razones sobrenaturales, entre Cesc y España no hay lazos”, escribía el periodista José Sámano en El País tras la victoria en el partido amistoso frente a Francia.
Las razones no hay que buscarlas en lo sobrenatural. La seguridad que le negó Luis Aragonés durante varios partidos, nunca se la quitará Wenger. “En un futbolista la confianza es fundamental. Y, en ese aspecto, él se encuentra al cien por cien”, explica Marcelino Elena. Eso le hace sacar una agresividad jamás vista con España. Hace unas jornadas, el menudo Fàbregas se encaraba sin remilgo alguno a esa especie del bulldog de delanteros, el capitán del Chelsea John Terry. Ambos asomaron su aliento al otro con apenas centímetros de distancia. “Le gustan esas cosas sucias: encararse, meterse en follones, la mala leche... Se crece en esa especie de batalla que es el fútbol inglés. Es mucho más diferente, en ese sentido, a Xavi e Iniesta”, analiza Sid Lowe. “Pero él no tiene el carácter para provocar esas situaciones. Le gusta que le obliguen a entrar en la bronca. Y en la Selección es difícil que él lleve a todos a esa pelea”, prosigue el periodista inglés. Allí en las islas él se siente importante y por eso “tiene la soltura para meterse en una trifulca y para encargarse de llevar el nivel de agresividad del equipo”, puntualiza Marcelino. Con España, de momento, Cesc no es protagonista, sólo meritorio.

13 marzo 2008

El eterno guerrero

Miguel Lartategui - mediapunta
Los Reyes Magos le trajeron una muñeca rota que le mantiene lejos del lugar de la batalla. Debutó hace justo 13 años, pero sus piernas aún despiertan aquel aire fresco que trajo a Santander, ciudad a la que quiere ver en Europa.
Hay futbolistas que huyen de los focos a pesar de que el protagonismo les persigue. Es una lucha contra la farándula que en muchas ocasiones sitia al fútbol. Las alabanzas, para esos jugadores, son sólo deber sobre el verde. Pedro Munitis prefiere esconderse en esas sombras a la luz de los taquígrafos. “En el fútbol nadie tiene que sobresalir por encima de nadie”. Sin embargo, el balón ha demostrado a lo largo de la historia que algunos han volado por encima de muchos otros.
Pedro tiene 32 años. Debutó hace ya trece años, el 22 de enero de 1995, pero sus piernas rezuman eternidad. Lleva galopando media vida por los estadios españoles con la misma algarabía que el primer día. Munitis pertenece a esa clase de futbolistas que cotizan en la cresta con el pasar de los años. Algunos irrumpen con fuerza para desvanecerse con la misma potencia. Otros aguantan el tirón y desfallecen en una larga travesía hacia la indiferencia. Munitis golpeó pronto. Y aún seguiría sacudiendo las defensas con sus inverosímiles regates, casi tan antiestéticos como efectivos, si su muñeca izquierda le dejara.
El nuevo año le trajo una lesión, pero continúa ejerciendo sus galones. Dice no ocultar ningún secreto. “Hay que vivir para ello. Me apasiona mi trabajo y me dedico en cuerpo y alma a hacerlo lo mejor posible”. Detrás hay mucho sacrificio. Cuando el resto ya enfila la comida, él sigue perfeccionando su cuerpo en el gimnasio. “Aún no ha salido de entrenar. Pedro es de los que más se cuidan”, dicen desde el departamento de prensa una hora después de concluir el entrenamiento del Racing. En el Real Madrid algunos se sorprendían de la cantidad de horas que pasaba esculpiendo su cuerpo. “Ante la falta de minutos, se pasaba horas en el gimnasio de pesas. Era el último en irse a casa y lo hacía cada día más definido muscularmente”, decía una crónica del periodista Diego Torres en El País. “El fútbol es un deporte muy físico. Si quieres estar ahí, tienes que estar todo el día machacándote y cuidándote. Pero no sólo hago trabajo de fuerza, sino también preventivo: estiramientos y algún masaje”, explica el 10 del Racing. Su constancia en el trabajo asombra a muchos compañeros. En La Coruña dicen que le han visto con una balanza para pesar los alimentos. “No hago nada especial para cuidarme. Se ha hecho una leyenda sobre lo que como o lo que dejo de comer. La gente cada vez va más por ese camino”.
Esos cuidados le han hecho conservar puras la velocidad y la garra. Las que le han definido como futbolista y por las que siempre se le recordará, más allá de sus goles. El rendimiento de Munitis a lo largo de los años se asemeja al de un buen ciclista en una contrarreloj: constante y sufridor. Pedro, salvo puntuales temporadas, ofrece la misma imagen guerrera. Hace dos, con el Mundial a la vuelta de la esquina y 30 veranos en la espalda, se rumoreó su posible regreso a la Selección. El año pasado formó con Zigic una de las parejas más temibles de la Liga. En éste, ya sin el gigantón, ha puesto al Racing en puestos europeos. “Aquí todos somos trabajadores, obreros… Ése es el secreto del equipo. Por suerte, porque no me gustan las estrellas, aquí no hay ninguna”. Quizá ese recelo a los hados le pudo perjudicar en Chamartín, donde jugó dos temporadas y consiguió una Champions, una Liga, una Supercopa de Europa y otra española. “Son clubes que tienen mucha repercusión y tienes que saber manejarla… Pero no quiero volver a hablar de lo de siempre”, dice zanjando el asunto sobre el Real Madrid. Prefiere centrarse en el Racing, apoltronado en zona UEFA. “Poder jugar una competición europea con esta camiseta sería lo máximo. Para mí sería más importante o le daría más valor que los títulos que haya ganado con el Real Madrid”.
En Santander llevan dos años en una nube, soñando con rasgar Europa. La temporada pasada se quedaron en los tornos de entrada. Zigic y Munitis capitaneaban toda la atención montañesa. Con la marcha del serbio, muchos auguraban la debacle santanderina. Incluso desde el propio equipo. “La temporada se presentaba complicada ya que Nico nos condicionaba muchísimo la forma de jugar. A veces abusábamos de él”, dice su ex compañero de travesuras. Sin embargo, las jornadas han demostrado que Zigic echa más de menos al Racing que el Racing a Zigic. Se trata del misterio del fútbol, que nadie llegará a descubrir jamás. Munitis lo intenta. “Tenemos los valores del trabajo, de la superación, de la humildad y de las ganas de aprender. Además, aprovechamos mucho el nuevo cuerpo técnico”. Con Marcelino García Toral las cosas han cambiado. Su carácter exigente y ganador lo ha transmitido a la perfección en aguas del Cantábrico, como ya hiciera en las del Atlántico con el Recreativo. Ha cambiado la forma de jugar del Racing. Ahora el cuello no cae hacia atrás para ver el balón sobre el cielo. Mira hacia abajo, hacia el verde, dando velocidad y transición a lo que antes era patadón e inmediatez. “Es el mejor entrenador que he tenido. Tiene muy claro cómo debemos jugar y estudia a la perfección al rival. Es muy previsivo e intuitivo”. Palabra de veterano que ha visto a unos cuantos jefes pasar por su banquillo: Nando Yosu, Del Bosque, Manolo Preciado, Irureta, Caparrós y Miguel Ángel Portugal, entre otros cuantos.
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